viernes, 26 de agosto de 2016

Revista Lucha Indígena #120




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Fuente: Lucha Indígena

jueves, 25 de agosto de 2016

La Revista Agraria #181


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Fuente: La Revista Agraria

El curso actual del capitalismo y las perspectivas para la sociedad humana civilizada.

Autor(es): Chesnais, François

Chesnais, FrançoisChesnais, François. Investigador-militante marxista, economista, profesor emérito en la Universidad de París 13-Villetaneuse. Es parte del Consejo científico de ATTAC-Francia, director de Carré Rouge y miembro del Consejo asesor de Herramienta, con la que colabora asiduamente. Autor de una gran cantidad de artículos, ensayos y libros, entre los que elegimos mencionar La Mondialisation du capital y Les dettes illégitimes. Quand les banques font main base sur les politiques publiques. Es también uno de los autores de la obra colectiva Las finanzas capitalistas. Para comprender la crisis mundial, publicado por Ediciones Herramienta. E-mail: chesnaisf@free.fr.

 
Una fase específica de la historia económica y social sudamericana ha llegado a su fin. Esta fase fue testigo de la exportación de materias primas o productos semiprocesados en gran cantidad y a altos precios, que permitieron a sus economías tener tasas de crecimiento considerables y a sus gobiernos financiar una serie de programas sociales sin cambiar la distribución de la riqueza. El “modelo”, como así se lo llamó, dependía de la tasa de crecimiento y la demanda de commodities en otras partes de la economía mundial, especialmente en China. El fin de lo que terminó siendo un paréntesis de quince años despertará una agudización de las confrontaciones políticas y sociales en todas partes, cuyo preludio son hoy los acontecimientos en Brasil. Me complace contribuir a la discusión en Herramienta, en la cual tratar de explicar lo que considero que es un momento crucial en la historia mundial, en el que el capitalismo está alcanzando sus límites absolutos.
 
La crisis económica y financiera global pendiente
 
La crisis económica y financiera en curso dio fin a una fase muy larga de una acumulación que tuvo periódicamente altibajos (en 1949 para los EE.UU., y en 1974-1976 y 1981-1982 en todo el mundo), pero sin embargo ininterrumpida que se remonta hacia 1942 en el caso de los EE.UU., y hacia 1950 en el caso de Europa y Japón. El dinamismo inicial de la muy fuerte acumulación se debió a las grandes inversiones que se requerían para reconstruir la base material de las economías capitalistas luego de la larga depresión de la década de 1930, y las destrucciones masivas de la Segunda Guerra Mundial, así como también explotar las tecnologías creadas en la década de 1920 y por supuesto, como un resultado de la guerra.
Esta crisis comenzó como una crisis financiera, tras la cual se puso al descubierto una profunda crisis de sobreacumulación y sobreproducción, compuesta por una tasa decreciente de ganancias. La crisis estaba en ciernes desde la segunda mitad de la década de 1990, y se demoró por la creación masiva de crédito y la plena incorporación de China a la economía mundial. Dado que los EE.UU. son el principal centro financiero mundial, y donde el sistema de crédito había sido impulsado hasta su “límite extremo” (Marx, 1983, III: 568); fue allí que la crisis, en su dimensión financiera, estalló en julio de 2007 y alcanzó su paroxismo en septiembre de 2008. El crac que comenzó a fines de 2008 fue de naturaleza global y no sólo una “Gran Recesión” norteamericana, golpeando inicialmente a las economías industrializadas. Los países emergentes, que pensaron que permanecerían mayormente inmunes a sus efectos, más tarde perderían esta ilusión. En 2008 el capitalismo mundial, dirigido por los EE.UU., determinó que la configuración combinada de las relaciones internas y políticas impidieran que la crisis destruyera el capital ficticio y productivo de la misma manera que ocurrió en la década de 1930. La velocidad y la escala de la intervención gubernamental en 2008 por parte de los EE.UU. y los principales países europeos para apoyar al sistema financiero, y también, en forma temporal y en un menor grado, a la industria automovilística, expresan la presión directa de los bancos en defensa de la riqueza financiera y de las automotrices estadounidenses y europeas para proteger su posición contra los competidores asiáticos. Pero también expresaron una considerable cautela política, tanto local como internacionalmente. El aparato estalinista-cum-capitalista y la élite social chinos compartieron estas preocupaciones y financiaron grandes inversiones a la manera keynesiana. China depende altamente de las exportaciones y su élite también tiene un genuino temor del proletariado.
Las medidas políticas promulgadas en 2008-2009 para contener la crisis ayudan a explicar la persistencia y el ulterior crecimiento de una masa de capital ficticio en la forma de títulos sobre el valor y el plusvalor implicados en innumerables operaciones especulativas, al mismo tiempo que una situación irresuelta de sobreacumulación y superproducción de una amplia gama de industrias. El continuo recurso de los gobiernos y los bancos centrales del G7 a la inyección de masivas cantidades de dinero nuevo en sus economías (quantitative easing, o “alivio cuantitativo”) ha provocado que enormes sumas nominales de capital ficticio ronden por los mercados financieros mundiales, volviéndolos altamente inestables.
 
La convergencia de muchas crisis y la situación de la clase obrera
 
La duración de la crisis mundial y la ausencia en la burguesía de un horizonte económico que no sea el de cortas recuperaciones cíclicas anuncian la convergencia y en última instancia la fusión de los efectos económicos y sociales de una prolongada crisis económica con los efectos, de dimensiones portentosas, del cambio climático. La primera advertencia sobre los peligros del cambio climático se remonta a la década de 1980, y obligó a las Naciones Unidas a crear el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC en inglés). El calentamiento global ha sido medido en forma cada vez más precisa y sus consecuencias fueron documentadas por los sucesivos informes del IPCC (1990, 1995, 2001, 2007 y 2014). Pero no han sido tomados en cuenta. El “escepticismo” sobre el cambio climático financiado por los lobbies petroleros ha cedido su lugar al reconocimiento formal y retórico por los gobiernos. Hace cinco años, The Economist publicó una síntesis muy bien informada anunciando que “se acabó la lucha para limitar el calentamiento global a niveles tolerados aceptables”.1 Las cuatro principales conferencias internacionales que han tenido lugar desde entonces han sido básicamente costosas y cínicas operaciones de comunicación, con el objeto de engañar a los no informados. La convergencia y la fusión final de la crisis económica y la ambiental plantean simultáneamente dos cuestiones relacionadas: la del futuro del capitalismo y la de las perspectivas de vida para decenas de millones de personas en determinadas partes del mundo y para la existencia social civilizada en todo él.
Luego de la incorporación de China, hasta para los EE.UU. es cierto el fundamental comentario metodológico de Trotsky de que “una potente realidad con vida propia, creada por la división internacional del trabajo y el mercado mundial [...] impera en los tiempos que corremos sobre los mercados nacionales” (Trotsky, 1930: 3). La liberalización y la globalización también han desatado a “las fuerzas ciegas de la competencia” con un grado de brutalidad no sufrida antes y por cierto, no durante las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Para todas las burguesías locales, la pérdida del margen de control de la política económica que poseían cuando las economías nacionales tenían un cierto grado de autonomía es un importante componente de la crisis política que están sufriendo. Esto obliga a las principales potencias a compensar las nuevas situaciones no deseadas o agudizadas de dependencia económica del exterior por medios políticos y militares en el ámbito de su esfera de influencia. El malestar ante la globalización tal como lo expresa políticamente el neoconservadurismo estadounidense ayuda a comprender que la invasión de Irak, no es sólo por el control del petróleo. La política de Rusia en Siria es de la misma naturaleza. Detrás de la crisis de la Unión Europea también se halla la idea de que los gobiernos pueden recobrar el control de ciertos parámetros políticos y económicos.
Para la clase obrera las consecuencias de la liberalización y globalización del capital son aún más graves. La experiencia histórica acumulada de los trabajadores ha sido exclusivamente la de la lucha contra el capital en el ámbito de las fronteras nacionales. Las organizaciones de la clase obrera, los sindicatos y los partidos políticos pudieron “centralizar las múltiples luchas locales, que en todas partes poseen el mismo carácter, en una lucha nacional, en una lucha de las clases” (Marx y Engels, 2008: 36). Pero en las palabras de Marx y Engels, esta lucha era “quebrantada de nuevo a cada instante a través de la competencia entre los propios trabajadores” creada por los capitalistas en el mercado laboral. Hoy, los capitalistas pueden enfrentar entre sí a los trabajadores de diferentes países y continentes. El logro más grande del capital durante los últimos 40 años ha sido la creación de una “fuerza laboral mundial”, a través de la liberalización de las finanzas, el comercio y la inversión directa y la incorporación de China e India en el mercado mundial. A esto frecuentemente se lo llama la “gran duplicación de la reserva de trabajo mundial”,2 de la reserva industrial mundial potencial, con palabras de Marx. Su existencia crea las condiciones para aumentar la tasa de explotación y la configuración del ejército de reserva industrial en cada economía nacional. Las tecnologías de la información y la comunicación han llevado a una fragmentación cada vez mayor de los procesos de trabajo, a la que ahora se agrega el verdadero ingreso en la era de la robotización. 
 
La vacilante acumulación del capital
 
Un modo de producción es al mismo tiempo una forma específica de la organización de las relaciones sociales de producción, junto a las correspondientes relaciones de distribución, y un modo de dominación social organizado institucional y políticamente. Cuando el modo de producción qua relaciones sociales de producción comienza a vacilar y a paralizarse, y la reproducción ampliada se desacelera fuertemente, la experiencia histórica muestra que los componentes dominantes de las clases altas tendrán como su único objetivo y horizonte la preservación a toda costa de sus privilegios y su poder apoyados en determinadas instituciones. Rechazarán todo pedido de reforma, aunque provengan de miembros de sus propias filas. Así sucedió con la corte de la monarquía absoluta en Francia, con ministros como Turgot y nuevamente en la corte de la Rusia zarista. Ese fue el caso también cuando las híbridas relaciones sociales sui generis de producción de la Unión Soviética llegaron a su límite. La burguesía está hoy en esta situación. No tiene entre sus filas a un Roosevelt. Las expresiones de su crisis incluyen la extensión y la profundidad de la corrupción, el muy bajo nivel de debate político, el cinismo de las corporaciones y la parálisis de los gobiernos frente al cambio climático. La conferencia de Davos en 2016 eligió centrarse en la crisis de los bancos europeos y cuestiones similares, en lugar de discutir el informe que expresaba en términos diplomáticos:
 
La preocupación sobre los efectos de la desintermediación digital, la robótica avanzada y la economía colaborativa sobre el crecimiento de la productividad, la creación de empleos y el poder de compra. Es evidente que la generación del milenio experimentará en la próxima década un cambio tecnológico mayor que lo que hubo en los últimos 50 años, no dejando intacto a ningún aspecto de la sociedad global. Los grandes adelantos científicos y tecnológicos, desde la inteligencia artificial hasta la medicina de precisión, se plantean transformar nuestra identidad humana.3 
 
Un importante elemento de la situación actual es la ausencia de prerrequisitos exógenos, de los que anteriormente se disponía para una renovada acumulación a largo plazo. La reactivación de las “ondas largas” en el sentido que les daba Trotsky, y que reconocía de una manera complicada Mandel, la determinaban factores exógenos, como las guerras mundiales, las masivas ampliaciones del mercado debido a una expansión territorial (la “frontera” en la historia estadounidense) o la creación de nuevas industrias como resultado de importantes adelantos tecnológicos. Las condiciones políticas para una guerra mundial (una preparación ideológica del tipo de la que llevó a cabo el nazismo luego de 1933) no existe hoy en día. De modo que para la burguesía, el problema es hallar un factor capaz de impulsar la acumulación otra vez, luego de varias décadas. Desde que se incorporó a China en el mercado mundial, ya no quedan “fronteras”. La única posibilidad son las nuevas tecnologías. Solamente éstas, con una inversión extremadamente alta y sus efectos en los empleos, son capaces de impulsar una nueva onda larga de acumulación, asociada con la expansión a través de nuevos mercados. El rol de las Tecnologías de la Información y la Comunicación en la reconfiguración radical de la organización del trabajo y en la vida cotidiana es indudable. La gran cuestión es si ellas tienen las consecuencias en la inversión y en el empleo, capaces de impulsar una nueva onda larga de la acumulación. Sus impactos generalizados en el ahorro de fuerza de trabajo, junto a su efecto en incrementar el valor del capital constante invertido, sugieren lo contrario; en particular, si no está a la vista una “Cuarta Revolución Industrial”, o sea, un aumento radical de las tecnologías que surgieron en la “Tercer Revolución Industrial”, como la llamaban los teóricos neoschumpeterianos. La opinión dominante entre los economistas y sociólogos estadounidenses es que los factores que impulsaron el crecimiento económico durante la mayor parte de la historia norteamericana, se han gastado en gran medida. Dicen que se ha llegado a una “meseta tecnológica”, y apuntan a los “resultados más fáciles”, que tuvieron un rápido crecimiento, incluyendo el cultivo de muchas tierras antes no trabajadas, o de descubrimientos tecnológicos “trascendentales”, en especial en el transporte, la electricidad, las comunicaciones masivas, la refrigeración y los servicios sanitarios, y finalmente la educación masiva. Lo que las tecnologías de la información y la comunicación ofrecen al capital y al estado en la forma de “macro datos” es una capacidad sin precedentes para el control social y político. No ofrecen ninguna solución para el desempleo masivo4 y aumentan la composición orgánica del capital.
 
Una temprana reflexión sobre el futuro del capitalismo
 
En su introducción a la edición por Penguin del tomo III de El capital, Mandel (1981: 78) desarrolla una serie de elaboraciones teóricas sobre el “destino del capitalismo”. Al contrario que Sweezy, Mandel discute la teoría de Grossman sobre el colapso capitalista en forma respetuosa y seria. Esto lo lleva a analizar las consecuencias de lo que él llama en esa época el “robotismo”. Las nuevas tecnologías todavía estaban en su infancia cuando escribía esto, pero para Mandel ellas ya tenían potencialmente consecuencias portentosas. Teniendo en cuenta los pronósticos que hemos discutidos antes, es importante leerlas y discutirlas:
 
La extensión de la automatización más allá de un determinado límite conduce, inevitablemente, primero a una reducción del volumen total del valor producido, luego a una reducción del volumen total del plusvalor producido. Esto desata una “crisis del colapso” combinada en forma cuádruple: una enorme crisis de reducción en la tasa de ganancia; una enorme crisis de realización (el aumento en la productividad del trabajo que implica el robotismo expande la masa de valores de uso producida a un ritmo aún más alto que el ritmo de reducción de los salarios reales, y una creciente proporción de estos valores de uso se vuelve invendible); una masiva crisis social; y una inmensa crisis de “reconversión” [en otras palabras, de la capacidad del capitalismo para adaptarse] a través de la desvalorización; la formas específicas de la destrucción del capital amenazan no sólo a la supervivencia de la civilización humana, sino también la supervivencia de la humanidad o de la vida en nuestro planeta (ibíd.: 87).
 
Poco después, para que se lo entienda mejor, Mandel escribe:
 
Es evidente que esa tendencia hacia la modernización del trabajo en sectores productivos con el más alto desarrollo tecnológico debe, necesariamente, ser acompañado por su propia negación: un aumento en el desempleo masivo, en la ampliación de sectores marginalizados de la población, en la cantidad de quienes “abandonan” y de todos a quienes el desarrollo “final” de la tecnología capitalista los expulsa del proceso de producción. Esto significa que a los crecientes desafíos a las relaciones capitalistas de producción en el ámbito de la fábrica se suman crecientes desafíos a todas las relaciones y valores burgueses básicos en la sociedad de conjunto, y estos también constituyen un elemento importante y periódicamente explosivo de la tendencia del capitalismo al colapso final (ibíd.).
 
Y luego agrega:
 
No necesariamente es un colapso a favor de una forma superior de organización social o civilización. Precisamente como una función de la propia degeneración del capitalismo, los fenómenos de decadencia cultural, de retrogresión en las esferas de la ideología y el respeto a los derechos humanos, multiplican al mismo tiempo la sucesión ininterrumpida de crisis multiformes, con las que esa degeneración nos enfrentará (ya nos está enfrentando). La barbarie, como un posible resultado del colapso del sistema, es una perspectiva mucho más concreta y precisa hoy que lo que fue en las décadas de 1920 y 1930. Hasta los horrores de Auschwitz e Hiroshima parecerán moderados comparados con los horrores con los que una continua decadencia del sistema confrontará a la humanidad. Bajo estas circunstancias, la lucha por un desenlace socialista asume el significado de una lucha por la propia supervivencia de la civilización humana y la raza humana (ibíd.: 89).
 
Mandel modera su perspectiva ciertamente catastrófica con un mensaje de esperanza, adaptado de la problemática de El programa de transición:
 
El proletariado, como lo ha mostrado Marx, reúne todos los prerrequisitos objetivos para dirigir exitosamente esa lucha; y hoy, eso sigue siendo más cierto que nunca. Y tiene al menos el potencial para adquirir los prerrequisitos subjetivos también, para una victoria del socialismo mundial. Si ese potencial se hará verdaderamente realidad dependerá, en último análisis, de los esfuerzos conscientes de los marxistas revolucionarios organizados, integrándose con las periódicas luchas espontáneas del proletariado para reorganizar la sociedad siguiendo los lineamientos socialistas, y conduciéndolo a objetivos precisos: la conquista del poder estatal y la revolución social radical. No veo más motivos para ser pesimista hoy en cuanto al resultado de esa empresa, que los que había en la época en que Marx escribió El capital (ibíd.: 89 y s.).
 
Que una revolución social radical es la solución, es algo más cierto que nunca, pero la amenaza de las crisis ecológicas, algo que era imprevisible para Marx, como también el legado político del siglo XX, no nos inducen a ser tan optimistas como trataba ser Mandel en 1981. En la tradición revolucionaria a la que adherí, el socialismo era una “necesidad” en dos sentidos de la palabra: el de ser la única respuesta decisiva y duradera, no sólo para la situación de la clase obrera y los sumergidos, sino para la satisfacción de las necesidades humanas; y el de ser el resultado del movimiento del desarrollo capitalista. La burguesía no dejaría la escena sin luchar y los procesos contrarrevolucionarios como el nacimiento del estalinismo o el maoísmo podrían ocurrir, pero “la historia está de nuestro lado”. Los marxistas revolucionarios eran la “expresión consciente” de procesos económicos y sociales fundamentales. Esta visión del mundo estaba enraizada en la lectura de los numerosos párrafos de Marx y posteriormente, en los de los principales revolucionarios marxistas que parecían respaldarlo; en particular, Lenin, y en el caso de Trotsky, por una lectura unilateral de las dos primeras secciones del Programa de Transición, y con muy poca discusión de sus numerosos textos que expresaban preocupaciones enraizadas en los sucesos de la década de 1930 pero que contenían reflexiones más generales, como en sus escritos sobre el fascismo y el nazismo. Rosa Luxemburgo era objeto de sospechas, no sólo debido a sus advertencias sobre el posible curso de la revolución de octubre, sino por la angustia contenida en el grito de “socialismo o barbarie”. El hecho de que en sus últimos años esta angustia también pasó a ser la de Trotsky, jamás fue discutido.
Los procesos políticos de fines de la década de 1980 y principios de la de 1990, con consecuencias mundiales (en particular, el hecho de que no sucediera la revolución política en la URSS), y las divisiones organizativas vacías de perspectivas me volvieron cada vez más receptivo al pensamiento de filósofos de la Europa central. El primero fue Mészáros, con la siguiente afirmación de su libro originalmente publicado en 1995:
 
Todo sistema de reproducción metabólica social tiene sus límites intrínsecos o absolutos que no se pueden traspasar sin cambiar el modo de control prevaleciente en uno cualitativamente diferente. Cuando en el curso del desarrollo histórico se llega hasta esos límites se hace imperativo transformar los parámetros estructurales del orden establecido –o en otras palabras, sus “premisas prácticas” objetivas– que normalmente circunscriben el marco general de ajuste de las prácticas reproductivas factibles bajo esas circunstancias (Mészáros, 2000: 163).5
 
Y a este párrafo le sigue la siguiente afirmación de que en el caso del capitalismo,
 
el margen para el desplazamiento de las contradicciones del sistema se torna aún más estrecho y sus pretensiones de un estatus indesafiable de la causa sui se hacen palpablemente absurdas, a pesar del poder destructivo antes inimaginable a disposición de sus personificaciones. Porque a través del ejercicio de tal poder el capital puede destruir a la humanidad en general –que es precisamente a lo que parece estar en verdad encaminado (y con ello, de seguro, también a su propio sistema de control)– pero no selectivamente a su antagonista histórico [la clase obrera] (ibíd.: 166 y s.).
 
El otro autor que me ha alentado a investigar el concepto de los límites absolutos de la producción capitalista es el filósofo alemán Robert Kurz. Como Mandel, en una lectura de Marx que ha levantado muchas controversias,6 él apunta a los efectos en el ahorro de trabajo y en la mejora de la productividad de las tecnologías relacionadas con la tecnología de la información y la comunicación, y sus consecuencias en la agudización de las contradicciones de la producción capitalista.
 
Dado el nivel de las contradicciones que han alcanzado, nos enfrentamos desde ahora con la tarea de reformular la crítica de las formas capitalistas y en la de su abolición. Esta es simplemente la situación histórica en la que estamos, y sería fútil llorar sobre las batallas perdidas del pasado. Si el capitalismo llega ante los que son objetivamente sus límites históricos absolutos, sin embargo es cierto que, por falta de una consciencia crítica suficiente, la lucha por la emancipación también puede fracasar. El resultado sería entonces no una nueva primavera de la acumulación, sino como lo dijo Marx, la caída de todos en la barbarie.7
 
El advenimiento de una nueva barrera inmanente más formidable y sus consecuencias
 
En ausencia de los factores capaces de lanzar una nueva fase de acumulación sostenida, la perspectiva es la de una situación en la que las consecuencias del lento crecimiento y la endémica inestabilidad financiera, junto al caos político que ellos alimentan en ciertas regiones hoy y potencialmente en otras, convergería con los impactos sociales y políticos del cambio de clima. El concepto de barbarie, asociado con las dos guerras mundiales y el Holocausto y más recientemente con los genocidios contemporáneos también se hará aplicable entonces a ellos. El precedente de la vinculación de la cuestión ecológica con la caída de nuestra sociedad en la barbarie se lo debe atribuir otra vez a Mészáros:
 
En alguna medida Marx ya era consciente del “problema ecológico”, es decir, los problemas de la ecología bajo el dominio del capital y los peligros implícitos en él para la supervivencia humana. De hecho, fue el primero en conceptualizarlo. Habló sobre la contaminación e insistió en que la lógica del capital –que debe perseguir las ganancias, de acuerdo con la dinámica de la auto-expansión y la acumulación del capital– no puede tener ninguna consideración para los valores humanos e incluso para la supervivencia humana [...]. Por supuesto, lo que no se puede hallar en Marx, es una explicación de la mayor gravedad de la situación en la que nos encontramos. Para nosotros la supervivencia humana es una cuestión urgente (Mészáros, 2001: 99).
 
Cuando hablamos de amenaza a la supervivencia humana, por supuesto, queremos decir una amenaza a la civilización tal como la conocemos hasta ahora. Los seres humanos sobrevivirán, pero si no derriban al capitalismo, vivirán, a nivel mundial, en una sociedad del tipo de la que describió Jack London en su gran novela distópica, El talón de hierro. Hasta que tenga lugar el cambio revolucionario, estamos atrapados por las relaciones y las contradicciones específicas del modo capitalista de producción. Un modo de producción caracterizado por “el movimiento infatigable de la obtención de ganancias, el afán absoluto de enriquecimiento” (Marx, 1983: I, 187), no puede tomar en cuenta un mensaje que exige un fin al crecimiento, tal como se entiende tradicionalmente, y un uso negociado y planificado de los recursos restantes.
La acumulación del capital ha tomado la forma del desarrollo de industrias específicas. La combinación de la crisis global económica y la crisis ecológica del capitalismo es simultáneamente la de las relaciones sociales de producción y de un determinado modo de producción material, el consumo, el uso de la energía y los materiales o, nuevamente toda la base material en la que ha tenido lugar la acumulación, en particular durante los últimos 60 años, y las industrias asociadas con él –las energéticas, las automovilísticas, las infraestructuras viales y la construcción en particular, que conducen a modelos de ciudades intensivas en energía y de la producción de agroquímicos. La prolongación de este modo bajo el capitalismo implica formas cada vez más destructivas de minería, perforación petrolera (por ejemplo, la perforación de pozos a través de espesas capas de sal en aguas ultraprofundas en el Ártico), la producción agrícola (el uso altamente intensivo de ingredientes químicos y la expansión de la agricultura mediante la deforestación) y los recursos oceánicos. Esas formas representan “el esfuerzo del capital para revertir la desaceleración de la productividad a través de una serie de desesperadas batallas por las últimas migajas de los últimos restos baratos de la naturaleza” (Moore, 2014: 37). El agente de esta destrucción es la figura contemporánea del “capitalista, o sea como capital personificado, dotado de conciencia y voluntad” (Marx, 1983, I: 187), a saber, la gran corporación industrial y minera y quienes la poseen y controlan.8
Ahora es evidente que el calentamiento global y el agotamiento ecológico se han convertido en una “barrera inmanente” para el capital, y no, como todavía se lee en obras anteriores de estudiosos estadounidenses, en una barrera exterior. En su libro, que recibí cuando estaba terminando con esta conclusión, Moore escribe que “los límites al crecimiento que enfrenta el capital son suficientemente reales: son ‘límites’ coproducidos mediante el capitalismo. El límite ecológico mundial del capital es el propio capital” (Moore, 2015: 295). Esta coproducción se remonta a la época del capital mercantil, y en la época más reciente ha sido moldeada por la globalización y la financiarización. Esta es una barrera que no puede, como se expone en el tomo III de El capital, capítulo 15, ser resuelta temporalmente a través de “la desvalorización periódica del capital ya existente” o superándola en virtud de “medios que vuelven a alzar ante ella esos mismos límites, en escala aún más formidable” (Marx, 1983: III, 320 y s.). La barrera está allí para permanecer. Foster ha tomado el concepto del límite o barrera absoluta del capital y lo ha desarrollado en relación con el medio ambiente, agregando detallados comentarios a los textos pertinentes de Marx. Considera que el “precipicio ecológico que se aproxima” (Bellamy Foster, 2013: 1) como algo que cada vez está más cerca. El agotamiento de los recursos es irreversible, o sólo reversible en un largo tiempo, que podría tomar siglos. Tan profundamente intensivo en carbón es el actual régimen energético imbricado con los modos de producción y de vivir forjados por el capitalismo, que el ritmo del calentamiento global está fuera de control, al menos en la actualidad. En el “mejor escenario” (un escenario sin procesos de realimentación), la cuestión que se plantea es sobre la “adaptación” y de este modo, está determinada por las clases y la división entre países ricos y países pobres, que serán las que decidirán quiénes serán más perjudicados en el mundo .
Como subrayó Mandel más arriba, el hecho de que el capitalismo haya alcanzado sus límites absolutos no significa que cederá el paso a un nuevo modo de producción.9 Las élites y los gobiernos controlados por ellas prestan más atención que nunca a la preservación y reproducción del orden capitalista. De modo que a su progresivo hundimiento junto a los efectos previsibles e imprevisibles del cambio climático se sumarán guerras y regresiones ideológicas y culturales, tanto las provocadas por la mercantilización y la financiarización de la vida cotidiana como las que toman la forma del fundamentalismo y el fanatismo religioso de los tres monoteísmos. La mortalidad a causa a las guerras locales, las enfermedades, y las condiciones sanitarias y nutricionales debidas a la gran pobreza continúan siendo contadas en decenas, sino centenares, de millones.10 Los impactos del cambio climático aumentan en determinadas partes del mundo (el delta del Ganges, gran parte de África, las islas del Pacífico Sur) y ya ponen en peligro las mismas condiciones de reproducción social de los oprimidos (este tema fue central en Chesnais y Serfati, 2003). Necesariamente, ellos resistirán o procurarán sobrevivir lo mejor que puedan. Las consecuencias serán violentos conflictos sobre los recursos acuíferos, guerras civiles, prolongadas por la intervención extranjera en los países más pobres del mundo, enormes desplazamientos de refugiados causados por las guerras y el cambio climático (Dyer, 2010). Quienes dominan y oprimen al orden mundial consideran esto como una amenaza a su “seguridad nacional”. En un informe reciente del Departamento de Defensa de los EE.UU. se afirma que el cambio climático global tendrá implicancias de amplio alcance para los intereses de la seguridad nacional del país.11 Moore escribe que “el giro hacia la financialización, y la cada vez más profunda capitalización en la esfera de la reproducción, ha sido una forma poderosa de posponer la rebelión inevitable. Esto ha permitido sobrevivir al capitalismo. Pero, ¿por cuánto tiempo más?” (Moore, 2015: 305). Hay otras preguntas, que no son muy diferentes: “nosotros”, ¿podremos liberarnos, derribar al capitalismo para establecer una “sociedad humana en relación con la naturaleza” totalmente diferente? Y si no podemos, ¿sobrevivirá la sociedad civilizada? Pues un modo de producción que está colapsando nos arrastrará a todos en su caída.
Las generaciones más jóvenes de hoy y quienes las seguirán se enfrentan y cada vez más se enfrentarán con problemas extraordinariamente difíciles. Hay importantes batallas en algunos países, pero también en todos los demás, una cantidad innumerable de luchas auto-organizadas a nivel local que demuestran su plena capacidad para enfrentar esos problemas. Visto desde el punto de vista de la lucha por la emancipación social, su única perspectiva es la que se resume en la palabra que dijo Marx durante su última conversación registrada que tenemos, precisamente una conversación con un joven periodista estadounidense: “lucha”.
“Durante la conversación, surgió en mi mente una pregunta relativa a la suprema ley de la vida. Mientras descendía a las profundidades del lenguaje, y se elevaba a las alturas de la solemnidad, durante un instante de silencio, interrumpí al revolucionario y filósofo con estas decisivas palabras, ‘¿Qué es?’. Parecía como si por un momento su mente diese marcha atrás mientras contemplaba bramar al mar ante él, así como a la inquieta multitud en la playa. ‘¿Qué es?’, había preguntado yo; a lo que en un tono profundo y solemne, replicó: ‘¡Lucha!’ Al principio creí haber oído el eco de la desesperación; pero por ventura, era la ley de la vida”.12
Los levantamientos en diferentes partes del mundo y las igualmente importantes innumerables luchas locales, muchas de las cuales son simultáneamente económicas y ecológicas, muestran que quienes participan en ellas lo comprenden. El inmenso desafío es el de centralizar esta latente energía revolucionaria en todo el mundo en formas políticas que no repitan las que tuvieron los desastrosos resultados del siglo pasado, y así crear realmente una fuerza que podría concebir y establecer las relaciones de la emancipación humana, y capaz también de detener el actual curso ecológico.
 
 
Bibliografía
 
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Bellamy Foster, John, “The Epochal Crisis – The Combined Capitalist Economic and Planetary Ecological Crises”. En: Monthly Review 65/5 (octubre de 2013).
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Escrito especialmente para su publicación en Herramienta.
Traducción de Francisco T. Sobrino.
 
 
1 “Adaptándose al cambio climático”, The Economist, 25/11/2010. “Aunque se resisten a decirlo en público, la improbabilidad absoluta de ese logro ha hecho que muchos científicos del clima, defensores del medio ambiente y dirigentes políticos hayan llegado a la conclusión en que, como dijo Bob Watson, quien presidió el IPCC y ahora es el principal científico en el Departamento Británico del Medio Ambiente, Alimentos y Asuntos Rurales, ‘dos grados es una quimera’”.
2 Freeman (2010) estima un aumento en el tamaño de la “reserva de trabajo mundial”, de aproximadamente 1,46 mil millones a 2,93 mil millones, usando la expresión mucho más clara de la “duplicación efectiva de la fuerza de trabajo mundial asociada actual”.
3 Ver: http://reports.weform.org/global-risks-2016/.
4 Un estudio cuidadosamente investigado (Fey y Osborne, 2013) estima que el 47 por ciento de los empleos estadounidenses se encuentran “en riesgo” de ser automatizados en los próximos 20 años.
5. Las posiciones políticas de Mészáros a fines de la primera década del 2000, apoyando el “Socialismo del siglo XXI” de Chávez no descalifican a su obra teórica.
6 Particularmente en su interpretación en la temprana obra de la teoría del valor y el concepto del trabajo abstracto. Esto es muy marginal en el libro de 2011 sobre la crisis. Ver su presentación del libro en francés (http://www.palim-psao.fr/article-theorie-de-marx-crise-et-depassement-du-capitalisme-a-propos-de-la-situacion-de-la-critique-social-108491159.html), y el resumen de las principales discusiones en una revista francesa (https://lectures.revues.org/7102).
8 Mientras termino este texto, llegan noticias de la posiblemente más grande crisis ecológica provocada bajo el capitalismo por la corporación minera brasileña Vale, sobre el río Doce.
9 La visión optimista es la de Amin (2016) con su teoría de una transición al socialismo que durará un siglo o incluso varios.
10 Moore (2002: 301-322) ha sintetizado datos históricos, que muestran que la transición del feudalismo al capitalismo mercantil desde el período medieval tardío hasta el siglo XVII fue económica y social pero también ecológica en sus manifestaciones, extendiéndose desde las hambrunas recurrentes, la Peste Negra, y el agotamiento de los suelos, hasta las revueltas campesinas y la intensificación de las guerras.
11 Ver: http://www.defense.gov/pubs/150724-Congressional-Report-on-National-Implications-of-Climate-Change.pdf.
12 John Swinton, “A conversation with Marx”, The Sun, Nueva York, 6 de septiembre de 1880. Agradezco a Pierre Dardot y Christian Laval (2012), quienes terminaron su libro sobre Marx de esta misma manera [la conversación también fue en Wheen, 2015. Nota del trad.].
 
Fuente: Herramienta

Contacto con Maduro Nro.65



miércoles, 24 de agosto de 2016

EL SURGIMIENTO DE LAS TEORÍAS DE LA DEPENDENCIA

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Atmósfera de Ideas
 
EL SURGIMIENTO DE LAS
TEORÍAS DE LA DEPENDENCIA

Las Teorías de Dependencia se desenvolvieron en los años 60-70 en torno a tres vertientes. Ruy Mauro Marini, Theotonio Dos Santos y Vania Bambirra postularon una concepción marxista, que fue complementada por la visión metrópoli-satélite de André Gunder Frank. Ambas miradas confrontaron con la tesis del desarrollo asociado dependiente que propuso Fernando Henrique Cardoso. ¿Cuáles fueron sus divergencias?
 
ÍNDICE
-SOCIALISMO Y LIBERALISMO
-DESARROLLISMO Y MARXISMO
-LAS NUEVAS CATEGORÍAS
-SUB-IMPERIALISMO Y BURGUESÍA NACIONAL
-TEORÍAS Y SINGULARIDADES
-LA VISIÓN METRÓPOLI-SATÉLITE
-DOS ABORDAJES DIFERENTES
-DESARROLLO Y DEPENDENCIA
-CONFUSIÓN DE TEORÍAS
-UN DEBATE ESCLARECEDOR
-INVOLUCIÓN SOCIO-LIBERAL
RESUMEN
Tres teorías de la dependencia surgieron en los años 60. Los autores marxistas conceptualizaron el subdesarrollo desde una expectativa socialista próxima. Cuestionaron los mitos liberales, analizaron los desequilibrios de la industrialización desarrollista y explicaron el atraso por los efectos del capitalismo dependiente.
Marini indagó el fordismo obstruido, la superexplotación, el ciclo dependiente y la doble dimensión del sub-imperialismo. Dos Santos teorizó la diferencia entre polarización económica y dependencia política y Bambirra distinguió las variantes desiguales del subdesarrollo. Asignaron un status científico a su concepción y evaluaron la especificidad de América Latina en el universo periférico.
El enfoque metrópoli-satélite de Frank tuvo afinidades con la visión marxista, pero sólo postuló un encadenamiento de excedentes traspasados al centro. No registró bifurcaciones internas, omitió a sujetos sociales y presentó erróneamente a las clases dominantes como segmentos lumpenizados.
Cardoso planteó un enfoque muy diferente. No contrapuso el desarrollo con la dependencia y se limitó a describir retrasos económicos resultantes de modelos políticos divorciados de las prioridades del capitalismo. Con esa mirada ignoró las diferencias cualitativas entre economías medianas y potencias centrales e inició una involución neoliberal.
Claudio Katz
29/07/2016
Nota.- El texto completo de este esclarecedor análisis (16 páginas) se puede descargar en el adjunto, que se ofrece a consideración de los lectores.
 
COLECTIVO PERÚ INTEGRAL
10 de agosto 2016



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EL OCASO DEL VIEJO MUNDO


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Atmósfera de Ideas
 
EL OCASO DEL VIEJO MUNDO
 
Gabriel Antonio Gaitán
 
"Había una aguda lucha europea por la conquista del mercado español que implicaba el mercado y la plata de América. Un memorial francés de fines del siglo XVII, nos permite saber que España sólo dominaba, por entonces, el cinco por ciento del comercio con «sus» posesiones coloniales de más allá del océano; pese al espejismo jurídico del monopolio: cerca de una tercera parte del total estaba en manos de holandeses y flamencos, una cuarta parte pertenecía a los franceses, los genoveses controlaban más del veinte por ciento, los ingleses el diez y los alemanes algo menos. América era un negocio europeo".
Eduardo Galeano
 
Como respuesta a la crisis de refugiados causada por la II Guerra mundial, surgió el Convenio para los Refugiados de 1951. que ordena a los gobiernos salvaguardar los derechos humanos de quienes soliciten asilo y se encuentren dentro de su territorio. Hoy la afluencia a Europa de migrantes y refugiados que escapan de la devastación y los vejámenes de Occidente, tiene como respuesta por parte de los gobiernos europeos la violación de este Convenio, el señalamiento a quienes buscan refugio como “infiltrados del terrorismo”. Y una creciente xenofobia inducida a los ciudadanos para que no participen de acciones humanitarias, ni exijan a sus gobiernos responsabilidades legales con los solicitantes.
 
El desplazamiento forzoso y el aumento de migrantes en busca de refugio es un fenómeno mundial y de Europa, comparada con otros continentes, no está sometida a la invasión de refugiados como intentan mostrar los medios de comunicación. De los sesenta millones de refugiados que hay en el mundo, nueve de cada diez no están buscando asilo en la Unión Europea, y la inmensa mayoría permanecen desplazados dentro de sus propios países. Clara muestra de que quienes crean las guerras, no pagan las consecuencias.
 
Como mencionó Rene Naba [1] en el marco de la Trigésima primera sesión del Consejo de los Derechos Humanos, 30 mil personas perecieron en 20 años, entre 1995 y 2015, a las puertas de Europa. 3.500 en 2014 y 2 mil en el primer semestre de 2015. Un número récord de 137 mil emigrantes cruzó el Mediterráneo, en la primera mitad de 2015, 83 por ciento más, con respecto al primer semestre de 2014. La situación empeoró en verano debido a las condiciones climáticas, el número de emigrantes en el Mediterráneo pasó en 2014 de 75 mil en el primer semestre, a 219 mil a finales de año, según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
 
Los refugiados en su mayoría mujeres y niños, que intentan entrar en Europa a través de la Zona del Tratado de Schengen, se ven sometidos a humillaciones y violencia, son detenidos en campos inhumanos, que no garantizan las condiciones mínimas para sobrevivir. Un simple gesto humanitario de Europa seria permitir rutas legales y seguras, pero por el contrario en la franja migratoria desde Grecia a Europa Occidental, ponen en práctica las medidas abusivas de la demencia estadounidense como construir muros, militarizar fronteras y levantar cercos de alambre para impedir que las personas puedan entrar en dichos territorios. Disfrazadas de legalidad, como con el acuerdo firmado en marzo de 2016 entre la Unión Europea y Turquía, para interceptar a las familias de migrantes, que cruzan el mar Egeo y devolverlas a Turquía contra su voluntad.
 
Crear terror para vender salvación
 
La responsabilidad que tienen potencias occidentales de vender armas a regímenes autoritarios del Medio Oriente, sus objetivos de política exterior y ambiciones militares materializadas en la invasión y cacería de recursos naturales, ha producido el desplazamiento de gran parte de la población mundial, sobre todo como consecuencia de la ocupación ilegal de Iraq, la guerra en Afganistán y las invasiones a Siria y Libia, país que para el 2011 contaba con el Índice de Desarrollo Humano más elevado del continente africano; crecimiento del PIB del 7,5 por ciento anual, educación primaria y secundaria gratuitas y acceso de un alumno de cada dos a la enseñanza superior; según cifras del Banco Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
 
Como resultado de esas invasiones crearon el monstruo del Estado Islámico, que agrava la catástrofe Siria y se convierte en excusa para el intervencionismo y el saqueo europeo. Donde una vez más son los países vecinos los que padecen las consecuencias y absorben el flujo de refugiados; una Libia, convertida en un caos, base del Estado Islámico y un embudo para el flujo de refugiados procedentes de África.
 
Con la lucha “contra el terrorismo” como telón de fondo y el circo mediático de una supuesta invasión de refugiados la Unión Europea en cabeza de Francia y Alemania, pretenden distraer la atención de la crisis de gobernabilidad en la zona euro, el descontento de la población europea por una política basada en la economía del mercado, leyes de austeridad y la cuestionable continuidad de la Unión tras el Brexit, que para pensadores como Gianni Vattimo [2], ya no tiene cura: “Europa, como se decía sobre el Estado burgués, se abate, no se cambia”. Casi que se podría decir que ésta es la oportunidad para forjar una nueva Europa más justa, alejada de las prácticas históricas del colonialismo y con gobiernos nacionales soberanos al servicio de sus pueblos.
 
Contra los pactos del capital, integración de los pueblos
 
Aunque la Convención del Estatuto de los Refugiados ha sido firmada por 145 naciones, los políticos de la UE no están dispuestos a cumplir de manera eficaz este mandato y solucionar la situación de los refugiados, lo que demuestra el egoísmo imperante en las minorías dominantes de toda la UE; también confirma el secreto a voces que Europa carece totalmente de conciencia social y que reformarla, es una necesidad urgente de los pueblos.
 
Esto sólo será posible si los ciudadanos de países ricos y pobres reconocen, que sus dificultades son causadas por el conjunto de políticas neoliberales trazadas por el gran capital, en cabeza del FMI y el BM, quienes usan como títeres el Parlamento Europeo y los gobiernos nacionales, para incrementar sus arcas por encima de las necesidades sociales de quienes habitan estos países; ésta es una condición inicial para el fomento de la solidaridad entre los pueblos y las naciones, que permitirá avanzar en el camino de una Europa, que deje atrás el lastre del colonialismo y el saqueo, por una Europa de gobiernos democráticos, soberanos y humanistas, para todo el mundo y no sólo para el mercado.
 
Notas.-
[1]        René Naba. Flujos migratorios: Europa sepulturera de su propia causa, víctima de sus infamias pasadas y presentes. http://www.madaniya.info12-07-2016. Traducido del francés para Rebelión por Caty R.
 
[2]        Gianni Vattimo: “Europa, como se decía sobre el Estado burgués, 'se abate, no se cambia'”. Entrevista con el filósofo Gianni Vattimo. La Vanguardia, 12 de Julio de 2016
 
de: Alai-AmLatina <alai-amlatina@alai.info>
responder a: info@alainet.org
fecha: 2 de agosto de 2016, 16:23
asunto: [alai-amlatina] Venezuela entre la guerra y la neg(oci)ación
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COLECTIVO PERÚ INTEGRAL
24 de agosto 2016

Futuro de la IZQUIERDA en debate - XX CONGRESO DEL PCE


                                                          -o-

Futuro de la IZQUIERDA en debate
XX CONGRESO DEL PCE
NO QUEREMOS SER
LA IZQUIERDA DEL SISTEMA
SINO LA ALTERNATIVA AL SISTEMA

Dolores Ibárruri Gómez
1895 – 1989
La Pasionaria
Heroica Dirigente del PCE
Mundo Obrero (Gema Delgado): El XX Congreso del Partido Comunista de España se adelantó para definir la política del Partido y dar respuesta a los retos de estos tiempos de excepción que vivimos. ¿Cómo valora el desarrollo y resultado del Congreso?
José Luis Centella (Secretario General del PCE): Sinceramente tengo un sabor agridulce sobre el desarrollo del Congreso. Por una parte creo que ha sido un momento importante en la vida del Partido, ha demostrado nuestra determinación a jugar un papel activo en este momento de lucha, se han tomado acuerdos importantes sobre cómo situar al PCE en la actual coyuntura política y también en relación con los temas de la UE, la política de convergencia.
Creo que también fue un momento de clarificar nuestra posición en IU. Frente a quienes habían anunciado nuestro descuelgue, el Congreso reafirmó nuestra voluntad de continuar trabajando junto a quienes lo venimos haciendo en los últimos 30 años.
También fue importante contar con las intervenciones de Cayo y Alberto poniendo de manifiesto que ambos se encuentran cómodos en el seno de su Partido y que en este ámbito es mucho más lo que les une que lo que les puede diferenciar.
Al mismo tiempo tengo que reconocer que no me gustó ver demasiada crispación en algún momento, crispación a la que no son ajenos los dirigentes que calientan el ambiente y que en ocasiones distorsionan en fondo del debate.
El objetivo que nos planteamos en el Congreso era, es dar respuesta a los retos que tiene un Partido Comunista, en un Estado como el español en este siglo XXI. No es cuestión solo de un documento de tesis, sino que entendemos requiere la elaboración de un Manifiesto-Programa que se plantee una propuesta de cómo avanzar hacia el socialismo y el comunismo en este Siglo XXI, y hacerlo desde la realidad en la que vivimos y luchamos.
No se trata de un trabajo académico, ni una elucubración teórica, se trata de encontrar y formular alternativas reales para los problemas concretos en este momento concreto, y hacerlo desde la máxima participación y el máximo rigor, es decir con una definición de la coyuntura política internacional, su concreción en Europa y en España, pero que como ocurre con el Manifiesto del Partido Comunista presentado por Marx y Engels ante la Liga de los Comunistas en 1848, aterrice en propuestas muy concretas.
Se trata de situar el papel de los partidos comunistas en este momento del Siglo XXI, cuando el capitalismo en su fase imperialista lanza la ofensiva más dura, cruel e inhumana que hayan conocido los tiempos, llevando las destrucción y la muerte a todos los rincones del planeta. Es necesario levantar la voz y poner en evidencia que está más clara que nunca la dicotomía entre Socialismo y Barbarie
M.O.: En el último Comité Federal llegó a mencionarse hasta 48 veces que el XX Congreso del PCE iba a ser un “congreso histórico”. Qué es o lo que le hace histórico?
J.L.C.: Efectivamente ha sido un Congreso Histórico por varios motivos. Para empezar, porque es un momento en que el capitalismo en su fase imperialista ha desencadenado una gran ofensiva, mostrando su cara más cruel e inhumana, llevando la muerte la destrucción, la miseria a millones de seres en todo el planeta. Y esta ofensiva necesita una respuesta organizada de las fuerzas obreras que sitúe la defensa de un futuro de paz, justicia y libertad para toda la humanidad.
En España, esta ofensiva está significando el intento de consolidar la dictadura del capital en toda su extensión, desde el dominio del pensamiento único en la cultura, al dominio de la economía por un capitalismo especulativo, dependiente, cada vez más autoritario.
La confrontación está servida y tenemos que ser conscientes de que en los próximos años nos jugamos el futuro de varias décadas. No se trata de un absurdo todo o nada, sino de ser conscientes de que si se consolida un modelo de sociedad autoritaria, patriarcal, neoliberal, habremos dado un gran paso hacia atrás en la historia.
M.O.: El Congreso se ha pronunciado categóricamente por recuperar la autonomía del Partido para decidir su política de estrategias y alianzas, con una apuesta clara por la revolución democrática y por la Unidad Popular. ¿Cómo va a ser el trabajo del Partido en este terreno?
J.L.C.: En primer lugar es fundamental dejar claro lo que entendemos por Ruptura Democrática, cuestión que va muy ligada a cómo analicemos la existencia de unas crisis del régimen político conformado en España entre los años 1976 y 1982, este régimen que se ha basado en un modelo de acumulación capitalista dependiente basado en el sector servicios (especialmente la construcción y el turismo) y el endeudamiento, con un marco institucional basado en el bipartidismo y el pacto social con un soporte popular arropado en la idea de la modernización del país con la entrada en la UE que se ligaba al crecimiento económico que mejoraba la calidad de vida de gran parte de la población, todo ello con una legitimación de la monarquía garante de la estabilidad y la democracia.
A partir de 2007 este régimen entra en una triple crisis: una crisis de acumulación (que se intenta resolver socializando las pérdidas sobre los derechos y el poder adquisitivo de la gran mayoría social), una crisis del marco institucional (los partidos políticos mayormente pierden apoyo ante una parte importante de sus bases electorales) y una crisis de legitimidad (los grandes consensos de finales del siglo XX se han roto para amplios sectores de la población)
La realidad es que en este momento, la Constitución de 1978 que a nosotros se nos había quedado pequeña, al capital le viene muy grande porque le sobran los avances sociales, económicos e institucionales que eran significativos aunque fueran limitados y en algunos casos de carácter testimonial, y en este momento vuelven a aparecer dos posibilidades de resolver la crisis del régimen, una desde la reforma, para asegurar cambios limitados que den salida a la crisis institucional y recupere la legitimidad sin tocar lo fundamental, el poder económico: se pretende un nuevo ciclo político en el que el dominio del poder económico sea más directo sin intermediarios.
Es en función de esta situación que planteamos una estrategia de ruptura democrática que permita avanzar en políticas sociales, democráticas y antipatriarcales. La clave es convencer a la clase trabajadora, a las capas populares, pequeña burguesía de que es imprescindible romper con el actual estado de cosas para resolver los problemas concretos que sufre la mayoría de la población.
La clave es dejar claro que no queremos ser la izquierda del sistema, que queremos ser la alternativa al sistema.
M.O.: Uno de los acuerdos congresuales centrales ha sido la apuesta del Partido por devolver IU a sus orígenes, a volver a ser un movimiento político y social. ¿Cómo se va a traducir esto de cara a la próxima asamblea de IU dentro de unas semanas?
J.L.C.: Lo decimos claramente en la tesis que hemos discutido en esta primera fase del Congreso, en la que planteamos que para poder construir un Bloque Social y Político de carácter Alternativo, es imprescindible que IU recupere su carácter de Movimiento Político y Social sobre la base de nuevas formas de hacer política. Y por ello nos planteamos el reto de trabajar para que sindicalistas, feministas, ecologistas, republicanos/as, se sumen a la lucha política y desborden a la actual Izquierda Unida desde la más amplia unidad popular; no se trata de sustituir a una organización como es IU, por otra, sino todo lo contrario.
Como decía recientemente, que nadie se confunda, que nadie se haga falsas ilusiones, la actual dirección del PCE no se plantea, ni abandonar IU ni entregársela a nadie, daremos la batalla política por IU, por los principios fundacionales de IU y confrontaremos con quienes desde una supuesta defensa de sus siglas y su identidad la quieren llevar a formar parte del proyecto reformista, como la izquierda del régimen.
Quiero trasmitir un mensaje claro a la militancia, para que tenga certeza de que la dirección del Partido nos estamos dejando la piel en la defensa de un futuro para el PCE. Estamos convencidos de que es posible construir un Partido fuerte, organizado, implicado en el conflicto, por ello hice un llamamiento para afrontar este Congreso con ilusión, desde el debate y desde la acción.
Muchas veces se me acusa de abusar de las referencias al Partido de Pepe Díaz y de Dolores, pero es que no me canso de situar en primer plano sus enseñanzas, su defensa de las unidad popular como la principal arma de la clase obrera en su lucha contra el capital, no me resisto a recuperar su batalla contra el sectarismo como freno al desarrollo del Partido, y sobre todo los sitúo como referentes de dirigentes comunistas que saben colocar la defensa del Partido, y su unidad por encima del personalismo y falsos protagonismos.
M.O.: ¿Cómo se van a reflejar las Conclusiones del Congreso en la organización del Partido y en el papel de la militancia comunista?
J.L.C.: Es vital que el PCE sea un elemento fundamental en la batalla política y social que se está dando en estos momentos, pero para ello es imprescindible un rearme ideológico, que permita disputar la hegemonía al neoliberalismo. Y hacerlo sin sectarismo consiguiendo la máxima acumulación de fuerzas de carácter antimonopolista y antiimperialista. Este es el objetivo fundamental del Congreso: avanzar en la construcción de una alternativa de ruptura democrática sobre tres pilares.
Uno dirigido a demostrar que es posible acabar con el paro, con la deuda de las familias, el problema de la vivienda, que es posible la nacionalización de la banca y la construcción de un Estado social, es decir que es posible superar el capitalismo y avanzar hacia el socialismo en este siglo XXI.
Otro pilar debe desarrollar una democracia participativa con mecanismo de democracia directa, de confrontación con la corrupción y de recuperación de la soberanía.
Pero un tercer pilar, tan importante como los anteriores, debe ser el configurar una organización con capacidad para elaborar e incidir en la aplicación de nuestras propuestas, una organización coherente desde el debate y la síntesis de ideas, que rechace el sectarismo, el burocratismo y el izquierdismo infantil, que desde la claridad de ideas, desde un discurso que reclame sin complejos situarse en el camino hacia el socialismo sea capaz de encuadrar a los millones de personas que sufren las consecuencias de la política más antisocial y autoritaria de la historia y que necesitan un Partido, activo, organizado e implicado en el conflicto social.
M.O.: ¿Cómo va a ser el trabajo de aquí a la segunda fase del Congreso el próximo año?
J.L.C.: Esta primera fase del Congreso ha servido para ver la necesidad de preparar bien los debates que tenemos que afrontar para que la culminación de este XX Congreso permita situar al Partido en las mejores condiciones de hacer frente al reto de confrontar con la mayor ofensiva que el Capital ha desarrollado en la historia
En esta fase hemos caracterizado bien la coyuntura, hemos situado al PCE claramente en la estrategia de ruptura democrática y decidido a tener voz propia en la configuración del Bloque Político y Social que dispute la hegemonía ideológica, e institucional al capital.
Ahora se trata de concretar el cómo hacerlo, y para eso esta segunda fase tiene que tener dos elementos en paralelo; por una parte el debate en torno a las propuestas y por otra el necesario fortalecimiento del Partido para que pueda jugar un papel determinante en este momento político.
Una cosa importante que quisiera plantear de cara a la segunda fase, la necesidad de que los dirigentes asuman la responsabilidad de evitar la crispación de los debates, los ataques y descalificaciones personales que algunos dirigentes hacen, no solo no ayudan sino que crean un clima que no se corresponde con la cultura comunista. Se puede debatir todas las ideas, todas las propuestas y hacerlo desde el debate sereno y respetuoso que se tiene que dar entre camaradas que compartimos militancia.
XX Congreso del PCE, primera fase, 9 de abril de 2016
José Luis Centella, Secretario General del PCE
Gema Delgado, por la redacción de Mundo Obrero
Mundo Obrero, mensual del Partido Comunista de España
Nº 295, abril de 2016, págs. 3-4
COLECTIVO PERÚ INTEGRAL