miércoles, 31 de diciembre de 2025

CUBA Y EL ESTADO SOCIALISTA

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 CUBA Y EL ESTADO SOCIALISTA

(07 de noviembre de 2002)

Por Ramón García R.

A cuatro décadas de su victoria, la Revolución Cubana ha pasado por mil y una vicisitudes. Al desintegrarse la URSS, más de uno pronosticó la inmediata caída del régimen cubano. Sin embargo, no obstante el permanente y criminal embargo por parte del poder económico-militar estadinense  y del escaso desarrollo industrial isleño, insuficiente incluso para su propio mercado interno, Cuba se mantiene en pie. Entonces es necesario analizar el porqué de esta sobrevivencia.  Y la respuesta muy bien puede hallarse en la arquitectura del Estado cubano.

La revolución liberal barrió la “basura medieval”: derechos señoriales, privilegios locales, monopolios gremiales, monopolios municipales, códigos provinciales, como lo analizara Marx en su tiempo. Solo así pudo la burguesía instaurar  su propio  aparato estatal: ejército permanente, policía política, burocracia estatal, Estado laico (ahora iglesia oficial), magistratura servil; en esencia su aparato burocrático-militar.

Para la revolución socialista la cuestión del Poder se resuelve en tres etapas históricas: instauración del Poder, gobierno del Poder, extinción del Poder. Solo el marxismo declara que el proletariado instaura su Poder como paso previo para la extinción de todo Poder.

La experiencia de la Comuna de Paris (18 de marzo de 1871) enseñó que la revolución socialista debía  a su vez, barrer la “basura capitalista” e instaurar un Estado de nuevo tipo, un Estado Comuna con su propia arquitectura estatal: pueblo en armas, milicia civil, administración técnica, Estado laico, derecho poblano. Sólo así se produce el cambio de un sistema por otro, como lo señala la experiencia histórica universal.

Pero, por circunstancias conocidas, la agresión externa y el escaso desarrollo interno, la revolución proletaria, luego de demoler el caduco, inepto y corrupto Estado dominante, no pudo instaurar su nueva arquitectura estatal. Por eso, todo Estado socialista ha devenido aparato burocrático -militar, con ejército permanente y burocracia partidaria-estatal.

Sin embargo, en Cuba hay dos hechos históricos que subrayar. Primero, la revolución cubana no fue dirigida por un Partido Comunista sino por un movimiento político-militar (Movimiento 26 de Julio). Solo después se constituyó el Partido Comunista. Esta experiencia aun pasa “inadvertido” para la teoría marxista.

Segundo, este Partido Comunista, en palabras de Fidel Castro, tiene un rol muy preciso: “A pesar de ser muy pequeño, nuestro país es hoy el más independiente del planeta, el más justo y solidario. Es también, por largo trecho, el más democrático.  Existe un Partido, pero éste no postula ni elige. Le está vedado hacerlo” (Discurso en el 1° de mayo 2002, reproducido en el periódico SIGLO XXI, N° 1, junio de 2002, pag. 9). Esta experiencia también pasa “inadvertida” para la teoría marxista. 

Se sabe que en Cuba  “cada ciudadano duerme con un fusil al lado”. Desde la victoria existe un Comité de Defensa de la Revolución en cada barrio. Ahora se sabe que en las elecciones no participa el Partido Comunista; los municipios eligen sus propios representantes, y así se llega hasta la Asamblea Nacional legislativa-ejecutiva. En Cuba la religión católica es “nacional”, con su propia Virgen de la Caridad del Cobre y santería -vudú rito; sin embargo, no hay religión oficial. Y el mismo Tribunal Revolucionario funciona como Derecho Poblano.   

Deberíamos estudiar muy atentamente  esta realidad. No obstante su incipiente aspecto, en esencia puede mostrar el surgimiento de un Estado de  nuevo tipo, de un estado tipo Comuna, que “ya no es un Estado según la vieja acepción del término”, como postula la teoría marxista. (Publicado en la Revista Polémica N° 6, abril 2003) 

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