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CUBA Y EL ESTADO SOCIALISTA
(07
de noviembre de 2002)
Por
Ramón García R.
A cuatro décadas de su victoria, la
Revolución Cubana ha pasado por mil y una vicisitudes. Al desintegrarse la
URSS, más de uno pronosticó la inmediata caída del régimen cubano. Sin embargo,
no obstante el permanente y criminal embargo por parte del poder
económico-militar estadinense y del
escaso desarrollo industrial isleño, insuficiente incluso para su propio
mercado interno, Cuba se mantiene en pie. Entonces es necesario analizar el
porqué de esta sobrevivencia. Y la
respuesta muy bien puede hallarse en la arquitectura del Estado cubano.
La
revolución liberal barrió la “basura medieval”: derechos señoriales,
privilegios locales, monopolios gremiales, monopolios municipales, códigos
provinciales, como lo analizara Marx en su tiempo. Solo así pudo la burguesía
instaurar su propio aparato estatal: ejército permanente, policía
política, burocracia estatal, Estado laico (ahora iglesia oficial),
magistratura servil; en esencia su aparato burocrático-militar.
Para
la revolución socialista la cuestión del Poder se resuelve en tres etapas
históricas: instauración del Poder, gobierno del Poder, extinción del Poder.
Solo el marxismo declara que el proletariado instaura su Poder como paso previo
para la extinción de todo Poder.
La
experiencia de la Comuna de Paris (18 de marzo de 1871) enseñó que la
revolución socialista debía a su vez,
barrer la “basura capitalista” e instaurar un Estado de nuevo tipo, un Estado
Comuna con su propia arquitectura estatal: pueblo en armas, milicia civil,
administración técnica, Estado laico, derecho poblano. Sólo así se produce el
cambio de un sistema por otro, como lo señala la experiencia histórica
universal.
Sin
embargo, en Cuba hay dos hechos históricos que subrayar. Primero, la revolución
cubana no fue dirigida por un Partido Comunista sino por un movimiento
político-militar (Movimiento 26 de Julio). Solo después se constituyó el
Partido Comunista. Esta experiencia aun pasa “inadvertido” para la teoría
marxista.
Segundo,
este Partido Comunista, en palabras de Fidel Castro, tiene un rol muy preciso:
“A pesar de ser muy pequeño, nuestro país es hoy el más independiente del
planeta, el más justo y solidario. Es también, por largo trecho, el más
democrático. Existe un Partido, pero
éste no postula ni elige. Le está vedado hacerlo” (Discurso en el 1° de mayo
2002, reproducido en el periódico SIGLO XXI, N° 1, junio de 2002, pag. 9). Esta
experiencia también pasa “inadvertida” para la teoría marxista.
Se
sabe que en Cuba “cada ciudadano duerme
con un fusil al lado”. Desde la victoria existe un Comité de Defensa de la
Revolución en cada barrio. Ahora se sabe que en las elecciones no participa el
Partido Comunista; los municipios eligen sus propios representantes, y así se
llega hasta la Asamblea Nacional legislativa-ejecutiva. En Cuba la religión
católica es “nacional”, con su propia Virgen de la Caridad del Cobre y santería
-vudú rito; sin embargo, no hay religión oficial. Y el mismo Tribunal
Revolucionario funciona como Derecho Poblano.
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