martes, 4 de diciembre de 2018

PROPIEDAD PRIVADA, COMPETENCIA Y CORRUPCIÓN (I)


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PROPIEDAD PRIVADA, COMPETENCIA Y CORRUPCIÓN (I)
(02 de diciembre de 2018)
Por Miguel Aragón  
En todos los países en los cuales se ha desarrollado  la propiedad privada sobre los medios de producción, necesariamente hay competencia entre los productores, y por lo mismo, en todos esos países se desarrolla una competencia enconada entre todos los proveedores de bienes y de servicios.
Actualmente, en los comienzos del siglo XXI,  la propiedad privada se ha impuesto y se desarrolla  en todos los países del mundo, con excepción de algunas pocas regiones selváticas perdidas en medio de la Oceanía y  la Amazonía.
La llamada “economía de mercado” es una característica propia de toda sociedad en la cual la propiedad privada se ha impuesto a través de la historia. Esta economía de mercado, a través del tiempo,   ha adoptado varias modalidades.
Desde los comienzos de la época moderna, de la época capitalista, se ha desarrollado la llamada “economía de libre mercado” (el ejemplo  típico fue Inglaterra); así como,  desde los comienzos de la actual época contemporánea, de la época socialista, se está desarrollando la llamada “economía mercantil planificada” (el ejemplo  típico es la actual República Popular China).
Otra variante, que temporalmente duró varias décadas en el siglo XX, fue la llamada “economía social de mercado”, que no fue otra cosa que un disfraz de la “economía de libre mercado”.     
En los países en los cuales predomina la propiedad privada sobre los medios de producción,  la competencia se desarrolla a todos los niveles, tanto entre los pequeños y los medianos, como entre los grandes propietarios.
Esta competencia la vemos todos los días, desde la vulgar pugna entre los “prepotentes” choferes de colectivos tipo  combi  “por ganarse un pasajero” que está parado en la esquina, hasta la competencia “alturada” entre las grandes empresas constructoras que se disputan el derecho a construir las grandes obras públicas, como son las  carreteras, centrales hidroeléctricas, hospitales o grandes centros educativos. Los primeros compiten por “ganar una moneda de un sol”, mientras que los segundos compiten por meterse al bolsillo “varios millones de dólares”.
Igualmente,  lo observamos en la programación diaria de todos los canales de televisión, que cada cinco minutos interrumpen la trasmisión de los programas para pasar las tediosas tandas comerciales, con sus conocidas frases “compre tal o cual automóvil”, “compre este o el otro detergente”, y las ofertas de las grandes casas comerciales “compre aquí o compre allá”. Toda esa propaganda comercial es motivada por la competencia, porque “o le compras a la empresa A,  o le compras a la empresa B”.
En estas condiciones, de predominio de la propiedad privada,  la competencia es necesaria e inevitable,  y además tenemos que reconocer que ésta cumple una doble función, tanto positiva como negativa.

Doble función de la competencia.-
A lo largo de la historia de los últimos cinco siglos, la competencia libre  entre productores y entre comerciantes,  ha impulsado, y continúa  impulsando,   el desarrollo de la productividad y el crecimiento de la producción, aportando además de manera significativa al desarrollo técnico y científico. Esta función positiva fue  una de las características del modo capitalista de producción en su fase ascendente, desde los tiempos del descubrimiento de América a fines del siglo XV, hasta fines del siglo XIX.
En su lucha contra el viejo modo feudal de producción, la principal arma del moderno capitalismo en crecimiento fue “la libertad de comercio”.   
 
Por otro lado, la competencia es la causa principal del desarrollo de la corrupción generalizada, que actualmente se ha impuesto en todos los países del mundo sin excepción, sean países capitalistas en decadencia, o países socialistas en formación.    
En Perú,  y otros países vecinos, los casos más notorios de corrupción (pero no únicos), se presentan en la construcción de las grandes obras públicas.
Cuando alguna  entidad gubernamental  convoca  una licitación pública,  a la competencia se presentan varias grandes empresas. Todas ellas tienen la necesidad de ganar, porque esa es la fuente principal de sus ingresos. Y al presentarse varias empresas, necesariamente tienen que competir entre ellas. En esta competencia entre empresas, que supuestamente es “una competencia equitativa y perfecta”, al final   se impone la ley del “todo vale”, porque en última instancia es una lucha por la supervivencia, “o ganas tú, o gano yo”.   
Para sacar de competencia a la empresa rival, los propietarios de las grandes empresas sobornan a los funcionarios públicos, para que sus propias empresas reciban algunas “facilidades” en esta competencia desleal, pero legal.   
Ante la posibilidad de recibir un “ingreso extra”, bajo la modalidad de soborno o “coima”,  la formación “ética” y “moral” de los funcionarios pasan a segundo plano. Todas las grandes empresas emplean el mismo método, aquí no hay excepciones notables por destacar.
Esta competencia desleal “pero legal”, se presenta tanto en los contratos con  empresas públicas, como también en las negociaciones entre empresas privadas. El puesto más codiciado en las grandes empresas privadas es el puesto de “gerente de compras”, porque ellos saben muy bien, que ante cualquier requerimiento   de cierta importancia, postularan varios proveedores de bienes y servicios, y por lo general,  todos ellos le ofrecerán algunos “beneficios” para ser ellos los elegidos.
A manera de resumen.-
Resumiendo en forma esquemática:
1.- Mientras exista propiedad privada de los medios de producción, necesaria e inevitablemente existirá competencia entre proveedores de bienes y servicios.
2.- Mientras exista competencia entre proveedores de bienes y servicios, necesaria e inevitablemente se desarrollará la corrupción de funcionarios.
3.- La corrupción “en gran escala” de funcionarios públicos,  es promovida por los propietarios de las grandes empresas.   
4.- La lucha contra la corrupción,  también es promovida por los propios  propietarios de las grandes empresas.
Primero corrompen a los funcionarios, y después los denuncian. Ese es el fondo de la actual comedia a la peruana.
 
Algunas preguntas pendientes.-
Para no perdernos en divagaciones, y mucho menos ser utilizados ingenuamente, por lo menos deberíamos preguntarnos:
A.-¿Siempre ha existido, y siempre existirá,  propiedad privada sobre los medios de producción?
B.- En Perú ¿la corrupción generalizada comenzó recién hace tres décadas,  con la participación de la empresa Odebrecht?
C.- Con el desarrollo del juicio llamado “Lava Jato”, ¿está terminando definitivamente la corrupción en Perú?
D.- Ahora que Odebrecht ha sido temporalmente retirada de la competencia en Perú ¿hay o no hay corrupción en las grandes obras públicas que actualmente se están construyendo en el país?
Estas preguntas las iré respondiendo en próximos comentarios.

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