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Construcción de Perú Integral
SIGNIFICADO HISTÓRICO
DEL FENÓMENO CASTILLO
Y LAS TAREAS DE LA IZQUIERDA
KEVIN HUAYHUA
✅ El fenómeno Castillo se gestó y se desarrolló en la historia del Perú
El
fenómeno social, expresado en la candidatura de Pedro Castillo, que hoy
sorprende a toda la sociedad y genera temores y odios incontrolables en
las capas altas de la sociedad, se gestó y desarrolló en la historia de
nuestra Patria. El año 1968, se inició un proceso de cambios en la
sociedad peruana que acabó con los últimos rezagos importantes del
feudalismo. A nivel económico-social, las transformaciones fueron una de
las más radicales de toda América Latina. También a nivel político, en
la medida de que fue desplazada del poder la Vieja Oligarquía y se acabó
de manera definitiva con el poder de los gamonales. En esos años,
(1968-1975), de alguna manera, llegó al poder político la burguesía
emergente; en particular, a través del protagonismo relevante que
tuvieron ciertos núcleos de las direcciones de las organizaciones de
campesinos que se sumaron al proceso velasquista. Sin embargo, el poder
lo ejerció plenamente el militarismo encabezado por el general Juan
Velasco Alvarado. El gobierno de Velasco fue progresista, incluso, en el
sentido anti-feudal, puede ser considerado revolucionario. Pero, fue un
Gobierno sostenido en el militarismo que impulsó una “revolución de
arriba hacia abajo”, con la finalidad histórica y política de impedir
una revolución popular socialista. El gobierno de Velasco no fue un
Gobierno Popular. Durante su mandato se desarrolló una revolución
radical contra los rezagos semifeudales; a nivel económico-social -y, en
cierto modo, también políticamente- fue tan “radical” que no sólo
afectó a los fundos semifeudales, sino implementó un proceso de
expropiación de los grandes latifundios capitalistas. Pero, no se
desarrolló una revolución popular, ni una revolución social impulsada y
realizada por el pueblo. En la superestructura ideológica y política se
impuso el militarismo, que fue acompañado por numerosos núcleos y
personalidades progresistas, algunos de los cuales eran socialistas o
demócratas revolucionarios bien intencionados. El militarismo
gobernante, en todo momento, cerró la posibilidad de la participación
independiente del pueblo en la sociedad y, más aún, en las alturas del
poder del Estado. A pesar del verbo “socialista” que utilizaban los
gobernantes, los partidos, y los intelectuales comprometidos con ese
proceso, todas las reformas sociales -que, ciertamente, sirvieron al
pueblo- estuvieron en los marcos del sistema capitalista. La naturaleza
militarista del velasquismo, la forma como dirigió todo el proceso de
reformas y, también, los graves errores de ubicación ideológica y
política de las fuerzas de izquierda, no permitieron avanzar más. El
proceso progresista se interrumpió, abruptamente, con la caída de Juan
Velasco Alvarado. Luego se desarrolló la regresión en todos los campos
que, finalmente, sirvió para que los grandes capitalistas impusieran su
dominación política plena. Después de un proceso progresista avanzado;
la regresión histórica, la contrarreforma, la contrarrevolución y la
aplicación del neoliberalismo, desde los tiempos de los gobiernos de
Morales Bermúdez y de Fernando Belaúnde -que regresó al poder en 1980-,
crearon las condiciones objetivas y subjetivas para que la aventura
militar de un pequeño grupo radical -la fracción más maoísta y radical
del Partido Comunista liderada por Abimael Guzmán- pudiera extenderse y
convertirse en una guerra interna que estremeció a la sociedad peruana
durante casi 20 años. Las insatisfacciones del proceso velasquista, la
regresión social, política e ideológica de los años 80 -con la
aplicación del neoliberalismo-; así como el activismo, el voluntarismo y
el sectarismo extremo del utopismo irracional y fundamentalista de
“Sendero” nos llevó a una guerra sin fin, y sin futuro, de graves
consecuencias para el país; en particular, para el proceso de
acumulación de las fuerzas populares, de los trabajadores y de las
vanguardias de izquierda y socialistas.
Alberto
Fujimori puso fin a la guerra a través de un Golpe Militar alentado y
encabezado por Montesinos, mediante un Acuerdo de Paz clandestino con
los dirigentes de SL, y con la ejecución de una sistemática represión
selectiva. Pero, en última instancia, la victoria contra la insurgencia
armada de Sendero fue posible porque se intensificó y profundizó la
participación de los campesinos en su contra. Contrariamente a lo que se
imaginaron los dirigentes de “Sendero”, los campesinos ya estaban
libres de todo tipo de ataduras semifeudales, y lo que necesitaban era
desarrollarse como campesinos libres. Por este factor social decisivo,
los senderistas, inevitablemente, se convirtieron en sus enemigos;
incluso, en aquellas zonas que, en algún momento, podían haber tenido
algún tipo de expectativas en ellos.
✅ Bonanza económica y frustraciones por las grandes desigualdades sociales
Después
que acabó la violencia política de los años 80 y 90 del siglo XX, la
sociedad peruana se embriagó con la ilusión de la prosperidad; en
particular, durante las dos últimas décadas del presente siglo que
fueron signadas por el período de la bonanza económica impulsada por el
auge de la exportación de los minerales. Supuestamente, se había
iniciado la época de la prosperidad para todos. Esa era la prédica de
los apologistas de ese tipo de desarrollo. Con el tiempo, año tras año,
se descubrió que todo ese progreso era una falacia para la inmensa
mayoría de la población. Las diferencias sociales se fueron descubriendo
como muy insoportables e insultantes, tanto desde el punto de vista
material como espiritual. Así vivió la sociedad peruana después de haber
derrocado el poder de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Desde el
gobierno de Valentín Paniagua, pasando por los gobiernos corruptos de
Toledo, Alan García, Humala, PPK, hasta llegar a Vizcarra, se fortaleció
la Nueva Oligarquía que sojuzga al pueblo y a nuestra Patria.
✅ El periodo de crisis en las alturas que desnudó a las élites dominantes
En
los últimos años, cuando los emergentes que llegaron al Gobierno, como
los traidores toledistas y humalistas, cayeron en total desgracia,
resurgieron las tendencias más reaccionarias, vinculadas directamente a
las élites dominantes, como el movimiento liberal precario de PPK, y el
fujimorismo, recuperado bajo el liderazgo de Keiko Fujimori. Revelando
que eran tiempos de viraje hacia la derecha y la extrema derecha, en las
elecciones del 2016 pasaron a la segunda vuelta dos alternativas que
reivindicaban abiertamente al neoliberalismo. Una coyuntura diferente a
la de los años 2006 y 2011, en la que el movimiento nacionalista
liderado por Ollanta puso en cuestión el statu quo neoliberal que,
luego, terminó en una gran traición. Por las pugnas entre estas dos
alternativas, el fujimorismo liderado por Keiko y el liberalismo
derechista de PPK, por la descalificación mutua, por la subestimación al
pueblo y a la capacidad de recuperación de los emergentes, estalló una
insalvable “crisis en las alturas”, ya antes de la realización de la
segunda vuelta de aquellas elecciones del 2016. Estas circunstancias
fueron aprovechadas por las fuerzas democráticas, progresistas y
populares que le dieron vida al movimiento democrático Keiko No Va,
movimiento que logró lo que parecía imposible: cerrarle el paso al
Fujimorismo, haciendo ganar a un hombre, un político y empresario
abiertamente liberal derechista como PPK. La lucha de masas del
movimiento democrático Keiko No Va fue decisiva para la victoria de PPK
en las elecciones generales del 2016; y, también, para impulsar la
candidatura de Verónika Mendoza en la primera vuelta. Lo que vino
después, fueron años de crisis y de gran inestabilidad política, de ex
presidentes acusados, encarcelados -uno fugado, otro suicidado- que
terminaron por desnudar a todas las élites políticas y, también, a las
clases sociales dominantes.
✅ Pandemia, la crisis total de la sociedad, y la irrupción electoral de Pedro Castillo
Después
de todos esos desastres sociales, fuimos afectados por la pandemia que
ha ocasionado más muertes, que en la guerra interna de los años 80-90
del siglo XX, y de la guerra con Chile del siglo XIX. Una pandemia que
ha provocado graves daños económicos y sociales, aún no calculados
completamente, y menos comprendidos en toda su magnitud. Esta pandemia
ha empujado al país a la regresión social; pero, de esa “vuelta al
pasado”, emergió un fenómeno progresista inesperado. Después de que la
sociedad fue brutalmente golpeada por la pandemia, en su base económica,
y después de que su superestructura fue desnudada en todas sus
precariedades y artificios; estas condiciones materiales y espirituales,
que afectó a todas las fuerzas sociales e instituciones, también
“jaqueó” al proletariado moderno, la fuerza social más avanzada del
desarrollo del capitalismo de los últimos decenios; en ese contexto
general, los “campesinos” -mejor dicho sus descendientes-,
personificados en Pedro Castillo, irrumpieron en las elecciones y
ganaron la primera vuelta. Pedro Castillo y sus seguidores, recorrieron
el país como “montoneros” -sin armas-, y, finalmente, llegaron a Lima.
Premeditada o casualmente arribaron a la gran ciudad limeña, al centro
del poder de la Oligarquía, golpeada y atrapada por la pandemia;
utilizando el caballo como símbolo en contra de la modernidad artificial
e injusta. Pedro Castillo es un campesino, como él mismo destaca, es un
rondero; pero, asimismo, es un profesor con experiencia profesional y
sindical. Es un dirigente sindical formado en las complejas y duras
luchas de los profesores provincianos. Su “partido”, en realidad, es el
magisterio “radical” que se ha desarrollado en los últimos 20 años, como
resultado de las contradicciones en el seno del magisterio y en toda la
sociedad peruana y que, en estas elecciones, estableció una alianza
electoral con el partido Perú Libre de Vladimir Cerrón. Este tipo de
profesores, son los que han desempeñado un papel decisivo para su
victoria en la primera vuelta, así como para el desborde popular
electoral que hoy se desarrolla con tanta vitalidad. Ese es el tipo de
campesinos que hoy luchan y dirigen el movimiento popular patriótico de
Pedro Castillo. Son los campesinos convertidos en profesores, o en otro
tipo de profesionales -o también en típicos burgueses emergentes, en
emprendedores-, los que ganaron las elecciones del 6 de junio.
✅ El fenómeno Castillo, el último “episodio” de la revolución del 68
Desde
el punto histórico, son los campesinos los que han ganado las
elecciones de este año, 2021. Son los campesinos que se movilizaron, en
los años 50 y 60, en contra de los últimos bastiones del feudalismo, que
fueron liberados definitivamente por el proceso velasquista, que fueron
estremecidos por la guerra de “Sendero”, por aquella revolución popular
fallida promovida aventureramente por ese partido; y que durante los
años del “milagro económico neoliberal” tuvieron una vida muy
contradictoria: por un lado, de disfrute, de satisfacciones, de vivir su
libertad social; y por el otro, de terribles frustraciones engendradas
por los fracasos de sus “emprendimientos” y por las duras condiciones de
vida impuestas por las desigualdades sociales generadas por el sistema
imperante. Estos campesinos ya libres de todo tipo de ataduras
semifeudales -evolucionados como burgueses o pequeñoburgueses
emergentes- llegaron al Poder Central, aunque sea de manera fugaz y
parcial, con Toledo, Humala, y anteriormente con Alberto Fujimori. Más
aún: son los que, en los últimos 20 años, han tomado el Poder en casi
todas las localidades y regiones del país. Hoy, como un subproducto de
la crisis, y del cataclismo social provocado por la pandemia, asumirán
el Poder Nacional. No exactamente como en los tiempos de Toledo y
Humala. En esta oportunidad, están liderados por Pedro Castillo, un
típico hombre del pueblo, alguien que muestra con naturalidad su
condición social: es un profesor que no ha dejado de ser campesino.
Considerando el desarrollo general de la historia del país, en
particular del capitalismo, aparentemente, ya no había espacio para la
toma del poder por un hombre como Pedro Castillo. Sin embargo, el “viaje
al pasado”, le está permitiendo al Perú “reescribir” su historia. Esta
vez, los “campesinos” -quienes, en realidad, ya no son exactamente
campesinos- quieren el Poder Central; ya no les basta tener el poder
regional y local. La crisis provocada por la pandemia, y las grietas
abiertas en la sociedad y en el Estado, le abrió las puertas a Pedro
Castillo y a sus “montoneros” para ocupar el lugar que hoy tienen: estar
próximos a tomar el Poder político central del actual sistema político.
Sin embargo, este acontecimiento, sin precedentes en la historia de
nuestro país, no significa que estamos en vísperas de una revolución
social. Después de varios decenios, y de varios traumatismos sociales en
la historia del Perú, está a punto de cumplirse uno de los “episodios
finales” de la revolución burguesa realizada en 1968, iniciada como un
proceso histórico más amplio en los años 50 y 60 del siglo XX. En el
desarrollo general de la historia, la posibilidad de que Pedro Castillo
tome el Poder aparece, en la forma, como un retroceso; pero, en esencia,
se trata de un gran paso hacia adelante que si, finalmente, se
concreta, despejará de manera más amplia y profunda el camino para la
liberación social y nacional más auténtica y completa de los
trabajadores y de toda nuestra Patria.
✅ La necesidad histórica de un Gobierno Democrático Popular Patriótico.
Después
de todo el desarrollo histórico de nuestra patria, a pesar de la
magnitud del desborde popular electoral, la victoria de Pedro Castillo
no significaría que se instauraría un Gobierno Popular, menos aún un
Gobierno Revolucionario que conduzca hacia una “supuesta” nueva
sociedad, radicalmente diferente a la capitalista. Luego de la victoria,
quedará más claro qué tipo de Gobierno Progresista podría instaurarse
en el momento actual. Solo podría ser un Gobierno Progresista, de
carácter democrático popular y patriótico. Es decir un Gobierno que,
manteniéndose íntimamente vinculado al pueblo al que represente y
defienda, tenga un carácter amplio en su convocatoria a todas las
fuerzas democráticas y patrióticas, entre las cuales también deben tener
un nivel de participación los sectores sensatos de la burguesía
emergente y de la gran burguesía. Por las condiciones históricas y
políticas en las cuales está surgiendo, este Gobierno tendría que
implementar las reformas más avanzadas de la sociedad y del Estado;
desarrollando para ello una variedad de compromisos que le permita ganar
la mayor cantidad de aliados y aislar a las fuerzas retrógradas que son
enemigas de las transformaciones. De ninguna manera podría ser una
repetición del Gobierno del traidor Humala, quien luego de haber
encabezado -con ayuda de la mayor parte de la izquierda- un movimiento
nacionalista, progresista, anti neoliberal, terminó traicionando,
vendiéndose a los intereses de la Nueva Oligarquía. Pero, tampoco puede
enrumbarse por el camino de la aventura, de intentar impulsar un proceso
“popular” “revolucionario” o “cuasi revolucionario” de transformación
“radical” de la sociedad y el Estado. No. Tendría que impulsar reformas
en toda la sociedad y el Estado, siguiendo un camino pacífico y
estableciendo las alianzas más amplias. Y no sólo ello. Para implementar
las grandes reformas sociales tendría que tomar muy en cuenta las
condiciones objetivas y subjetivas en la que se encuentra toda la
población y, naturalmente, de manera particular el pueblo. En los
llamados primeros 100 días, en la aplicación de un Plan de Emergencia,
la tarea más importante del eventual Gobierno Progresista sería
enfrentar con decisión la pandemia, movilizando, para cumplirla con
éxito, toda la capacidad operativa del Estado y de la sociedad. Lo más
urgente, culminar la vacunación de toda la población adulta y, al mismo
tiempo, tomar medidas para fortalecer la atención en los grandes
hospitales e iniciar la reconstrucción de la atención en el Primer
Nivel. En la aplicación del Plan de Emergencia, tendrían que
solucionarse los problemas económicos sociales más apremiantes,
agudizados por la pandemia. Encarar la dramática situación de los
trabajadores y la virtual ruina de las pequeñas y medianas empresas;
asimismo, activar y darle fuerza a las actividades de la gran industria
extractiva y manufacturera que las necesidades integrales del país
requieren con urgencia. Durante la implementación del Plan de Emergencia
se deberían preparar las condiciones, en todos los aspectos, para dar
un salto en las transformaciones sociales más profundas. Tomando
consciencia de que la cuestión cardinal es luchar por forjar una
“mayoría social y política” -como suelen decir muchos ideólogos y
líderes de la izquierda- favorable a dichas trasformaciones sociales. En
todo ese tiempo, en el marco general de lucha por la realización de las
grandes reformas sociales que necesita el país, también tendría que
promoverse y organizarse el debate nacional sobre el cambio de la
Constitución. En los meses siguientes a la toma de mando, no sería
posible la realización de un proceso político que posibilite el cambio
de toda la Constitución. No existirían condiciones para ello, tanto
desde el punto de vista de contenido como de forma. En relación al
contenido, las mismas fuerzas populares y progresistas no tienen ideas
claras, ni integrales, sobre la naturaleza de los cambios
constitucionales que necesita el país. En cuanto a la forma, en vista de
que este proceso se desarrolla en los marcos políticos y legales
vigentes, el Gobierno y todos los que estamos por el cambio no podríamos
ignorarlos por completo. Si se obvian ambos aspectos -el contenido y la
forma-, se podría abrir el camino para el caos social y político y, por
lo tanto, se facilitaría la arremetida de la derecha que, en esas
condiciones, tendría los pretextos para intervenir militarmente.
✅ Naturaleza de la lucha por un nuevo gobierno y la “nueva república”.
Un
tema medular a tomarse en cuenta, ignorado por la mayoría de los
ideólogos y políticos progresistas y de izquierda, es que a nivel del
sistema político del país ya se han producido grandes cambios. Por los
cambios en la base económica y en la superestructura, la única
posibilidad histórica inmediata es reformar la “Nueva República” que ya
está vigente desde hace varios decenios; en particular, desde la etapa
posterior al proceso velasquista. Plantear la lucha por una Nueva
República sin precisar su naturaleza, es una fantasía más de los que
alientan cambios utópicos que, luego, sólo terminan en el fracaso. De
igual manera, es iluso pensar que en este año, 2021, podemos conquistar
una “Asamblea Constituyente Popular", insinuando que estamos en vísperas
de conquistar una “Nueva República”, de carácter popular, totalmente
distinta a la que existe ahora; ignorando que en el actual sistema
político, el poder realmente existente, no sólo está en manos de la
Nueva Oligarquía y el conjunto de la gran burguesía tradicional -que
hegemonizan dicho poder-, sino que, en diferentes grados y espacios,
también está en manos de la burguesía emergente.
Predicar
cambios “radicales” -sin precisarlos- no hace otra cosa que “incendiar
la pradera” de manera artificial; ilusiones que, como la historia nos
enseña, pueden ocasionar graves problemas a toda la sociedad y, por lo
tanto, al pueblo. En el momento actual, lo más urgente, respecto a los
cambios constitucionales, es fomentar el debate y preparar en serio a
las fuerzas sociales y políticas para conseguir una verdadera mayoría
progresista en la sociedad.
La
conquista de un Gobierno Progresista, liderado por Pedro Castillo, que
tenga éxito en la aplicación del Plan de Emergencia contra la Pandemia y
sus consecuencias económicas y sociales, crearía las condiciones
indispensables previas para un profundo cambio constitucional
progresista. Tampoco es una buena táctica querer convocar
precipitadamente a un Referéndum, sin cumplir las exigencias más
urgentes de la población: que es enfrentar la pandemia en toda su
esencia sanitaria y sus secuelas sociales, y sin tomar las medidas para
forjar una “sólida mayoría” en la sociedad. No se puede convocar a un
Referéndum para perder. Así como no se puede convocar a una Asamblea
Constituyente para que la derecha o los “independientes” sean los
ganadores. La vida está terminando por aclarar los prolongados debates
sobre estos temas a lo largo de los últimos decenios. Lo primero que el
pueblo debe hacer, para realizar cualquier cambio trascendente, es
conquistar un Gobierno Progresista.
✅ La lucha del Movimiento por el Socialismo (MS) en este momento histórico
El
Movimiento por el Socialismo (MS), actuando, como siempre, con
consciencia, independencia, dignidad y valorando el surgimiento y
desarrollo del movimiento progresista que lidera Pedro Castillo; en las
actuales circunstancias hemos luchado en todos los lugares donde es
posible -sin esperar acuerdos formales- con la finalidad de que este
movimiento progresista consolide la victoria del 6 de junio. En esta
lucha estuvieron comprometidos nuestros cuadros, militantes,
simpatizantes y dirigentes. Movilizando nuestras fuerzas, por “aire, mar
y tierra”, para cerrarle el paso al fujimorismo y a los fascistas de
todo tipo, desarrollando las más diversas alianzas con el conjunto de
las fuerzas democráticas, populares y progresistas. Desde esa posición
de lucha, llamamos a Pedro Castillo, a sus cuadros y a los militantes
más cercanos a él, al partido Perú Libre, al conjunto de los partidos de
izquierda, a las organizaciones populares y a todas las fuerzas
progresistas, a unificarnos en un frente Democrático Popular Patriótico
para garantizar la victoria contra el fujimorismo, y posibilitar que, a
partir del 28 de julio, se instaure un Gobierno Progresista de esa
naturaleza, que pueda impulsar las grandes reformas sociales que nuestra
Patria reclama desde hace varios decenios. EL MS, que está firmemente
comprometido con esos objetivos, está luchando en todos los espacios
para que se concrete ese gran frente. Con la necesidad de forjar esa
unidad, seguirá luchando con consciencia y responsabilidad contra las
desviaciones de derecha e izquierda en el campo progresista. Seguirá
luchando contra aquellas tendencias que fomentan la capitulación, y que
pretenden orientar a Pedro Castillo por el mismo camino que recorrieron
los traidores Toledo y Humala. Pero, asimismo, continuará luchando
contra una serie de aventureros que, hasta ahora, no han logrado
comprender los cambios que se han producido en la historia del país, ni
entienden las particularidades del momento actual, y terminan
deslizándose con facilidad por el camino del aventurerismo; y, de manera
permanente, desafían pomposa y artificialmente a las élites dominantes,
fomentando alternativas supuestamente más “populares” y “radicales”.
Hay que luchar con firmeza; pero, asimismo, con mucha consciencia y
responsabilidad. Un Gobierno Patriótico de Pedro Castillo, tendría que
luchar para que nuestra Patria se desarrolle de manera más independiente
de las potencias extranjeras -que, nuevamente, están en una feroz
competencia-, de las transnacionales; y, además, tendría que realizar
las reformas en todos los aspectos de la sociedad y del Estado para que
nuestro país avance hacia una nueva industrialización, sustentada en los
nuevos y grandes avances técnicos y científicos, que permita a toda la
población una vida más avanzada a nivel material y espiritual; y mejores
condiciones de vida a los trabajadores, a las mujeres, a los jóvenes, a
los pueblos originarios, a las minorías sexuales y nacionales. El
Movimiento por el Socialismo, que defiende los intereses históricos de
la clase obrera y que lucha por todos los oprimidos y excluidos,
manteniendo su convicción de luchar por una sociedad socialista, tiene
la plena serenidad de asumir responsabilidades políticas de acuerdo a
las exigencias del momento. La tarea más importante de la coyuntura es
conquistar un Gobierno Progresista que impulse las grandes reformas
sociales que posibiliten el progreso de toda la sociedad, les permita a
los trabajadores, y a todo el pueblo, mejorar sus condiciones de vida y
de trabajo; y, asimismo, les facilite organizar sus fuerzas en un nivel
más desarrollado, con el objetivo de avanzar en la lucha por la
emancipación completa de los trabajadores y de toda nuestra Patria.
MOVIMIENTO POR EL SOCIALISMO
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26 / julio / 2021
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29 de julio 2021