miércoles, 2 de octubre de 2013

Mi solidaridad con César Lévano La Rosa





Sigfrido es un caso distinto. No sé por qué razón se unió al Apra. Admiraba a Víctor Raúl Haya de la Torre a pesar de los ataques injuriosos de éste contra su padre. Alguien me ha dicho que en un programa de televisión, Aldo Mariátegui sostuvo que yo había inventado el aprismo de su padre, Sigfrido.

En realidad, esa militancia la conozco desde hace mucho tiempo. Lo confirma por lo demás, Luis Alva Castro en su libro El Señor Asilo

Un dirigente aprista me dijo hace poco que Sigfrido, que no parecía aprista, era el enlace entre Haya, asilado cinco años en la embajada de Colombia, y el partido”.
(César Lévano 29.09.13)
“El rojo Lévano menciona este domingo en La Primera a mi difunto padre con su usual agria mala leche…(mi padre) era muy selectivo con sus amistades y no se juntaba con “poquita cosa” como una vez me describió mi tío Javier a Lévano… Mi padre nuca fue aprista… Alva Castro peca de amable ligereza cuando lo califica en su libro de aprista (y tampoco nunca fue un comunista de mierda, valga la redundancia… En todo caso el octogenario Lévano está jugando sus descuentos y relativamente pronto podrá conversar con mi padre, sus hermanos, JCM sobre sus venenosas aseveraciones (si estos se dignan a hablarle).
(Aldo Mariátegui  01.10.13 – Día del Periodista)
No se necesita ser un “comunista de mierda” para coincidir en que los términos de la “respuesta” de Mariátegui a Lévano no sólo son inaceptables por su absoluta desproporción y mala entraña, sino que probablemente ingresen a un campo aún más serio de agresión verbal y discriminación contra la condición de persona mayor del director de La Primera. Si hay un Tribunal de ética en la prensa peruana, debería de oficio encausar al atorrante y llamar la atención al medio en el que se han publicado estas barbaridades.
Por mi parte voy a dejar señalado que me reiría de muy buena gana de esa frase retorcida en la que se le dice “poquita cosa” a César Lévano, y que coloca sus propios complejos en boca de alguien que ya no está para corregirle. Bien podría César contar lo que Javier le decía de su sobrino derechista y que me lo reveló hace varios años. Pero no vale descender al nivel del tonto que quiere herir con tonterías. ¿En qué podrían compararse las trayectorias de Lévano, hecho desde abajo (como JCM), hombre trabajador y culto, autor de varios libros, luchador incansable que pasó varias veces por la cárcel por sus ideas y no las abandonó por ello, maestro venerable que a su edad mantiene una lucidez que otros ya perdieron antes de los 50, con las del abogado fallido al que le cuesta escribir seguido más de cuatro líneas?
En fin no hay nada que pueda compensar la vileza cometida. Pareciera que después de inmunda campaña contra Diez Canseco, el columnista de Perú 21 ya se cree autorizado para empujar a sus adversarios a la muerte. Se equivoca profundamente.   
 

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