EL GOLPE DE ESTADO DE LEGUÍA, SU SIGNIFICADO Y CONSECUENCIAS (1919)
El Golpe de Estado de Perú del 4 de Julio de 1919, fue propiciado por
el entonces candidato presidencial y expresidente Augusto B. Leguía, con
el respaldo de la gendarmería de Lima, contra el gobierno saliente de
José Pardo y Barreda. El resultado del golpe fue exitoso para Leguía,
quien dio inicio a un proceso político conocido como «Patria Nueva», por
el que pretendía modernizar al país a través de un cambio de relaciones
entre el Estado y la sociedad civil, y que derivó en una dictadura de
once años que se conoce como el Oncenio. Este gobierno acabó
abruptamente por otro golpe de Estado, en 1930, encabezado por el
comandante Luis Miguel Sánchez Cerro.
En las elecciones de 1919,
convocadas por el entonces presidente José Pardo, se presentaron como
candidatos Ántero Aspíllaga (presidente del oficialista Partido Civil) y
el ex presidente Augusto B. Leguía (candidato del opositor Partido
Democrático Reformista) quien había gobernado el país entre 1908 y
1912. Durante la campaña presidencial, Leguía se presentó como el
abanderado de los anhelos juveniles universitarios y de las clases
trabajadoras y populares por cambiar las estructuras del país. Su
triunfo se vislumbraba, al ser el candidato más carismático.
Los
comicios se realizaron y el escrutinio daba como vencedor a Leguía; fue
entonces cuando la Corte Suprema anuló gran cantidad de votos que
favorecían al Partido Democrático Reformista y se temía que las
elecciones fueran anuladas por el Congreso. Frente a este panorama, y
alegando que su victoria no iba a ser reconocida por el gobierno
civilista, Leguía y sus partidarios dieron un golpe de Estado en la
madrugada del 4 de julio de 1919.
El plan consistió en que dos
batallones de la gendarmería de Lima asaltasen el Palacio de Gobierno.
El complot, iniciado el 3 de julio, fue un éxito ya que el Ejército no
repelió el golpe, los marinos de la Base Naval del Callao se inclinaron
por acabar con el gobierno civilista, y los conjurados lograron apresar
al presidente José Pardo, quien iba a culminar su mandato en apenas 45
días, y parte de su gobierno. Leguía hizo su flamante ingreso en el
Palacio presidencial a las seis de la mañana, siendo aplaudido por la
tropa afín y civiles partidarios.
Hubo un intento de restablecer
el orden constitucional por parte del coronel Samuel del Alcázar, quien
comandó un batallón del Ejército que se desplegó por las calles aledañas
a la Plaza de Armas de Lima. Conforme iban llegando las compañías a la
sede del Gobierno se plegaron al golpe. Tras una breve escaramuza entre
los gendarmes que resguardaban el Palacio presidencial y la tropa que
acompañaba al coronel Alcázar, éste fue preso. Por su parte, el jefe del
Estado Mayor, coronel Pedro Pablo Martínez, intentó reunir a la tropa
acantonada en el cuartel de Santa Beatriz para asaltar el Palacio de
Gobierno, pero los soldados se habían unido al golpe dando vivas a
Leguía.
Una turba asaltó las instalaciones del periódico El
Comercio, mientras que otra prendió fuego a la residencia del
presidente Pardo.
Pardo fue desterrado a Nueva York. Leguía
asumió el poder como presidente provisorio y su primer acto fue disolver
el Congreso, que le era adverso.
El golpe de Estado fue apoyado solo por el Partido Constitucional del mariscal y héroe nacional Andrés Avelino Cáceres.
Leguía convocó un plebiscito para someter al voto de la ciudadanía una
serie de reformas constitucionales que consideraba necesarias; entre
esas reformas se contemplaba elegir al mismo tiempo al Presidente de la
República y a los miembros del Congreso, ambos con períodos de cinco
años (antes, el mandato presidencial era de cuatro años y el Parlamento
se renovaba por tercios cada dos años). De esa manera, quería
fortalecer el Ejecutivo frente al Legislativo y evitar la exacerbada
oposición parlamentaria que había sufrido en su primer gobierno. También
convocó a elecciones a celebrarse en septiembre para integrar un nuevo
congreso constituyente, el que tomaría el nombre de Asamblea Nacional,
cuya misión sería dar una nueva Constitución Política, en reemplazo de
la Constitución de 1860, que era la que regía entonces. La Asamblea se
instaló el 24 de septiembre de 1919 y fue presidida por el sociólogo y
jurisconsulto Mariano H. Cornejo. El 12 de octubre la Asamblea proclamó a
Leguía como Presidente Constitucional de la República.
Para recompensar al Ejército por su complicidad en el golpe, el presidente Leguía promovió ascensos entre la oficialidad.
MUCHO MAS QUE UN SIMPLE GOLPE DE ESTADO
Tal y como anotan Miguel Aragón y desarrollan Ernesto Yépez del
Castillo y Baltazar Caravedo Molinari, entre otros, una ubicación
histórica de los trabajos de Mariátegui, evidencian que a diferencia de
Haya de la Torre, éste constató que el ascenso al poder de Augusto B.
Leguía, en su segundo periodo, significó el desplazamiento de la
oligarquía exportadora, representada por el Civilismo, y su reemplazo
por una alianza de intereses, entre la burguesía, la pequeña burguesía
improductiva (sectores medios) y el imperialismo yanqui, cuya
penetración en nuestra economía, aun desplazando al imperialismo inglés,
profundizó nuestra dependencia.
Se trataba pues ya, de la
burguesía en el Poder, con lo cual la etapa democrático-burguesa se
cumplió, no en la forma revolucionaria que hubiese sido deseable (a este
respecto ver V.I.Lenin. “Apreciación del momento”, Abril de 1917”) sino
con el desplazamiento de la alianza de la aristocracia terrateniente y
el imperialismo inglés, frente a lo cual, pese al carácter de la
sociedad, correspondía ya la Revolución Socialista, pues la aristocracia
terrateniente había dejado de ser un blanco principal para la
Revolución (amén de que la estrategia de la Revolución Democrática del
nuevo tipo incluía como aliados a sectores de la burguesía nacional y la
pequeña burguesía).
Esto equivalía a una simple constatación histórica, que hacen tanto, Ernesto Yepez del Castillo:
" Leguía si bien en lo fundamental no alteró la riqueza y privilegio
de las clases dominantes, significó en cambio el desplazamiento
definitivo de la fracción hegemónica civilista de las instancias más
altas del poder político " "Un siglo de desarrollo capitalista" , IEP,
Campodónico Ediciones S.A., pag.283),
Como Baltazar Caravedo Molinari :
"Todas las fuerzas sociales no vinculadas al sector agrario exportador y
terrateniente estuvieron objetivamente entrelazadas en una lucha
anticivilista, que Leguía supo utilizar para asumir el poder. Propósito
para el que también aprovechó los conflictos entre los capitales
norteamericanos e inglés dentro del país. A los primeros les interesaba
desplazar del poder a los civilistas, para lograr mejores condiciones
políticas. Leguía se convirtió así en el hombre que abrió el camino al
capital norteamericano y a la industria nativa " ("Burguesía e industria
en el Perú 1933-1945", IEP, 1976, pags.37 y 38);
O como aparece de la lectura de Manuel Burga y Alberto Flores Galindo :
"La vieja casta civilista fue despojada del poder político manteniendo
intactas sus bases económicas ". …"Leguía se apoyó en los sectores
medios, en los medianos propietarios y más aún desplegó una intensa
actividad para romper con la preponderancia de las viejas castas de
terratenientes en el campo sin afectar la estructura económica imperante
"…y "Sus planes políticos, en los primeros años, estuvieron dirigidos a
quitar el poder político a la viejas castas dominantes: oligarquía
costeña y gamonalismo andino. Paralelamente desarrolló un ambicioso
programa (burocracia, obras públicas e irrigaciones) destinado a crear
una clase media adicta y obsecuente. Para lograr esto tuvo que entregar
el país a la influencia omnímoda del imperialismo norteamericano "
("Apogeo y Crisis de la República aristocrática”, Rikchay Perú, Febrero
de 1980, pags. 133,134 y 140).
O Julio Cotler :
…"la
burguesía nacional, de la que Leguía era su más lúcido representante,
procuraba ampliar, profundizar y centralizar el aparato estatal a fin de
lograr la hegemonía política. Con ello, los terratenientes dejarían de
significar un obstáculo político a su desarrollo y la burguesía se
convertiría en el único interlocutor valedero del capital imperialista
con capacidad para negociar su asociación dependiente ", y "el país
experimentaba un proceso de transformación social, fundado en la
consolidación del capitalismo y la realización de la hegemonía política
de la burguesía nativa asociada con el capitalismo imperialista
,"…("Clases, Estado y Nación en el Perú", IEP, Julio del 2005, Pags.178 y
210).
Al respecto Mariátegui analiza :
“¿Los intereses
del capitalismo imperialista coinciden necesaria y fatalmente en
nuestros países con los intereses feudales y semifeudales de la clase
terrateniente? ¿La lucha contra la feudalidad se identifica forzosa y
completamente con la lucha anti-imperialista? Ciertamente, el
capitalismo imperialista utiliza el poder de la clase feudal, en tanto
que la considera la clase políticamente dominante. Pero, sus intereses
económicos no son los mismos. La pequeña burguesía, sin exceptuar a la
más demagógica, si atenúa en la práctica sus impulsos más marcadamente
nacionalistas, puede llegar a la misma estrecha alianza con el
capitalismo imperialista. El capital financiero se sentirá más seguro,
si el poder está en manos de una clase social más numerosa, que,
satisfaciendo ciertas reivindicaciones apremiosas y estorbando la
orientación clasista de las masas, está en mejores condiciones que la
vieja y odiada clase feudal de defender los intereses del capitalismo,
de ser su custodio y su ujier.
La creación de la pequeña
propiedad, la expropiación de los latifundios, la liquidación de los
privilegios feudales, no son contrarios a los intereses del
imperialismo, de un modo inmediato. Por el contrario, en la medida en
que los rezagos de feudalidad entraban el desenvolvimiento de una
economía capitalista, ese movimiento de liquidación de la feudalidad,
coincide con las exigencias del crecimiento capitalista, promovido por
las inversiones y los técnicos del imperialismo; que desaparezcan los
grandes latifundios, que en su lugar se constituya una economía agraria
basada en lo que la demagogia burguesa llama la "democratización" de la
propiedad del suelo, que las viejas aristocracias se vean desplazadas
por una burguesía y una pequeña burguesía más poderosa e influyente —y
por lo mismo más apta para garantizar la paz social—, nada de esto es
contrario a los intereses del imperialismo” (J.C. Mariátegui. “Punto de
vista antiimperialista”).
LA APRECIACION DE MARIÁTEGUI Y LAS DIFERENCIAS DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA CON ÉSTA
La apreciación mariateguista causó polémica en el seno de la Primera
Conferencia Comunista Latinoamericana realizada en Buenos Aires, del 1º
al 12 de Junio, de 1929. Gonzáles Alberdi, representante del Partido
Comunista Argentino, señaló al respecto:
“Creen nuestros
compañeros del Perú, que el imperialismo en su país puede obrar en
cierta forma como actor de liquidación del latifundismo, y apoyarse en
la pequeña burguesía, facilitando la creación de la pequeña propiedad
rural. Es, evidentemente, un citerior peligroso, que conduce lógicamente
a negar la deformación de la economía de los pueblos sometidos, por el
imperialismo. La existencia de los restos feudales y otras formas
atrasadas constituye, precisamente, la garantía de la dominación
imperialista. Liquidar esas formas atrasadas, crear la pequeña
burguesía, abrir libre cauce al normal desarrollo de la economía
nacional, equivaldría, precisamente para el imperialismo, a facilitar el
nacimiento de una burguesía indígena, cuyos intereses chocarían con los
intereses de los imperialistas; burguesía indígena que sería fuerte
porque se habría operado el proceso previo de la liquidación del
feudalismo” (“El movimiento revolucionario latino americano”, Versiones
de la Primera Conferencia Comunista Latino americana, Junio de 1929,
Pág.328).
Y tras la defensa del compañero Saco (Hugo Pesce), Vittorio Codovilla añadirá:
“Intervengo en este debate movido por las apreciaciones hechas en las
intervenciones de los compañeros del Perú, que me parecen muy
peligrosas”…..”Otra afirmación peligrosa del compañero Saco es la de
decir que el imperialismo ha disminuido “los caracteres feudales” de los
países en que penetra y “ha modificado los rasgos de servidumbre,
creando masas asalariadas, etc.”. Parece que el compañero Saco ignora
que, justamente, el imperialismo conforma sus métodos de explotación
capitalista a las formas de explotación semifeudal y semiesclavista,
intensificando la explotación de las masas y apoyándose para su
penetración en las formas más reaccionarias de gobierno” (“El movimiento
revolucionario latino americano”, Versiones de la Primera Conferencia
Comunista Latinoamericana, Junio de 1929, Págs.333 a 335).
La posición de Mariátegui al respecto ya había sido anteriormente señalada:
“En la América indo-española se cumple gradualmente, un proceso de
liquidación de ese régimen oligárquico y feudal que ha frustrado,
durante tantos años, el funcionamiento de la democracia formalmente
inaugurada por los legisladores de la revolución de la independencia”.
“En Argentina, verbigracia, la ascensión al poder del Partido Radical
canceló el dominio de las viejas oligarquías plutocráticas. En México,
la revolución arrojó del gobierno a los latifundistas y a su burocracia.
En Chile, la elección de Alessandri, hace cinco años, tuvo también un
sentido revolucionario” (“La perspectiva de la política chilena”,
Mundial, 13 de Febrero de 1925, en “Temas de nuestra América”, Pág.141).
“El irigoyenismo representa el capital financiero, la burguesía
industrial y urbana y se apoya en la clase media y aún en aquella parte
del proletariado a la cual el socialismo no ha conseguido aún imponer su
concepción clasista. Es la izquierda del antiguo radicalismo; propugna
una política reformista que hace casi inútil el programa
socialdemocrático, prolonga el viejo equívoco radical de que en los
países donde el capitalismo se encuentra en crecimiento, conserva sus
resortes históricos” (“La batalla electoral de la Argentina”, Mundial,
13 de Febrero de 1925, “Temas de nuestra América”, Pág.138).
Y para el caso peruano en particular, continuaría señalando, comparativamente con los casos de Alessandri e Irigoyen:
“Nuestro fenómeno alessandrista o irigoyenista se ha producido ya: es
el leguiismo. Tiene como corresponde al medio, las limitaciones y las
gazmoñerías de un criterio clerical, conservador; no ha tocado al
capital, ni siquiera a la vieja aristocracia; ha mantenido todos los
prejuicios; pero es, en parte, nuestro motín pequeño-burgués rápidamente
usufructuado por el gran capital y, sobre todo, por las finanzas
extranjeras” (Carta de José Carlos Mariátegui a Eudosio Ravines, 31 de
diciembre de 1928, Correspondencia de Mariátegui, Tomo II, Pág. 490).
“El procesoLeguiísta es la expresión política de nuestro proceso de
crecimiento capitalista, y si algo se le opone radicalmente, si algo es
su antítesis y su negación, es justamente nuestro socialismo, nuestro
marxismo, que pugnan por afirmar una política basada en los intereses y
en los principios de las masas obreras y campesinas, del proletariado,
no de la inestable pequeña burguesía” (Carta de José Carlos Mariátegui a
Moisés Arroyo, 30 de julio de 1929, Correspondencia de Mariátegui, Tomo
II, Pág. 610).
Y finalmente:
“El leguiísmo no se atreve a
tocar la gran propiedad. Pero el movimiento natural del desarrollo
capitalista –obras de irrigación, explotación de nuevas minas, etc.- va
contra los intereses y privilegios de la feudalidad. Los latifundistas, a
medida que crecen las áreas cultivables, que surgen nuevos focos de
trabajo, pierden su principal fuerza: la disposición absoluta e
incondicional de la mano de obra”. (“Punto de vista anti-imperialista”,
en “Ideología y política”, Pág. 93).
Y añade, ejemplificando lo
antes señalado, con el conflicto surgido entre las obras de regadío,
efectuadas en Lambayeque, por la Comisión Técnica presidida por el
Ingeniero norteamericano Sutton, y la conveniencia de los grandes
terratenientes feudales de la zona:
“La amenaza de que se les
arrebate el monopolio de la tierra y el agua, y con él el medio de
disponer a su antojo de la población de trabajadores saca de quicio a
esta gente y la empuja a una actitud que el gobierno, aunque muy
vinculado a muchos de sus elementos, califica de subversiva o
anti-gobiernista” (“Punto de vista anti-imperialista”, en “Ideología y
política”, Págs. 93 y 94).
¿Por qué discrepaba, entonces, la
Internacional Comunista con el análisis de Mariátegui del comportamiento
del Imperialismo yanqui en nuestra economía a partir del ascenso al
Poder del Leguiismo?
Todo parece indicar que se trataba de no
solo de una visión estática de la actuación del imperialismo, sino
además fuertemente influida por una visión positivista del papel
revolucionario de las burguesías nacionales en los países capitalistas
atrasados, a partir del ejemplo de la Revolución China, la misma que,
Mariátegui que no compartía para nuestro caso y el de Sud América
(revisar “Punto de Vista Antiimperialista”).