domingo, 17 de mayo de 2015

AGRO Y MINERÍA I



Escribe: Milciades Ruiz
La economía de un país tiene que estar en constante crecimiento dado que la población crece y con ella también las necesidades nacionales. Cada año se requiere de mayor cantidad de escuelas, hospitales, urbanizaciones, burocracia policial, militar, judicial, obras viales y de toda índole. Pero
este crecimiento económico tiene que ser sobre la base de inversiones propias para que el aparato productivo nacional nos permita acumular y multiplicar capitales que reimpulsen nuevas inversiones.
Pero cuando el crecimiento del Producto Bruto Interno –PBI, se debe a capitales externos, lo que tenemos es un crecimiento artificial y engañoso. No crece el país sino la rentabilidad de la inversión extranjera y el PBI obtenido solo figura en el papel ya que en parte, no es producto nuestro. Parte del PBI es por obra ajena y como tal se va afuera dejándonos solo la carroña que nutre nuestro presupuesto nacional. La parte del crecimiento que se llevan no compensa el valor de la riqueza que pierde el país ni los pasivos ambientales.
Si del total de PBI descontamos lo que es el PBI ajeno, lo que nos queda como crecimiento propio es muy poco. El falso crecimiento es solo una apariencia y por ello, gran parte de la población peruana se pregunta: ¿Si el país está muy bien, por qué nosotros estamos tan mal?  Otros creen que es un problema de distribución solamente pero la verdad es que la rentabilidad obtenida no es nuestra sino ajena y lo ajeno no se distribuye. Se va al extranjero para empoderar a quienes nos empobrecen.
Si la economía nacional crece a un ritmo de 6% en el PBI y la minería aporta el 9 % de eso. Si las demás inversiones extranjeras en hidrocarburos, comercio, construcción, finanzas además de otros productos y servicios aportan otro tanto al PBI oficial, entonces el crecimiento realmente nuestro será una cifra que nos desilusionará. Por lo mismo, siendo el PBI un parámetro económico, su apariencia conduce a errores en otros cálculos económicos reportados en cifras porcentuales del mismo.
Si el valor de las exportaciones minerales en el 2011 fue de US$ 27 361 millones de dólares no quiere decir que el Perú se enriqueció en este mismo valor. Siendo casi en su totalidad propiedad extranjera podríamos decir que dicha riqueza es lo que hemos perdido para siempre como parte de nuestros recursos naturales. O dicho de otro modo, esa riqueza es nuestro aporte al engrandecimiento de los países que nos oprimen.
Pero no solamente perdemos riquezas sino también dignidad por entreguismo ramplón, por las concesiones onerosas que otorgamos, perdemos libertad al quedar prisioneros del capital extranjero, pero sobre todo perdemos futuro dejando a nuestra descendencia un país en escombros, saqueado por  la codicia extranjera.  Si comparamos lo que perdemos con lo que ganamos el saldo es altamente negativo, incluyendo lamentable pérdida de vidas de agricultores opositores.
El gobierno de Fujimori, nos introdujo en el neoliberalismo que tomó posesión de nuestra economía dejándola con las puertas abiertas a la voracidad del capital extranjero. Al amparo de la Constitución espuria vigente, expresamente acondicionada para un modelo de gobierno dictatorial y mafioso, la inversión extranjera creció considerablemente hasta convertirse en sostén del gasto público.
Así, mientras el negocio minero estaba en auge en el mercado internacional la inversión extranjera minera nos dejaba su carroña en grandes cantidades creando la falsa ilusión de crecimiento. Pero la crisis financiera del capitalismo moderno en el 2008 y años siguientes, hizo decaer el negocio de minerales, arrastrando al país en su caída y dejando al descubierto nuestra equivocada política económica.
Pese a ello se persiste en el error a pesar de que las condiciones internacionales han cambiado y no se puede revertir el pasado reciente con paquetes económicos intrascendentes que lejos de reactivar la producción, causan daño a las condiciones laborales, al ambiente y al desarrollo nacional. Es que el Estado no es el único carroñero ya que tras los intereses de la inversión extranjera están los “Felipillos” carroñeros que salen en su defensa porque son beneficiarios de la depredación.
Por eso, lo que está en juego en el valle Tambo no es el proyecto Tía María en sí, que la empresa minera ya lo descartó, sino el futuro del modelo neoliberal. Si el gobierno no aplasta la movilización campesina en el Valle de Tambo, la inversión extranjera minera no tendrá las manos libres en lo sucesivo y será un mal ejemplo para los demás valles. Este temor aterra a los “Felipillos” del gobierno y del sector privado que parasitan depredadores.
Visto de esta manera, la lucha de los agricultores del Valle de Tambo adquiere importancia histórica no solo para esta cuenca sino para nuestra patria. La sangre derramada enaltece esta gesta y envilece a los represores. Entonces ya no podemos seguir indiferentes. Ya no se trata de un caso particular. Los hechos nos involucran a todos los que queremos una patria libre de la opresión de nuestros depredadores.
Frente a esta situación, se hace necesario presentar al agro como la mejor alternativa para una estrategia de desarrollo sostenible de crecimiento endógeno. Hay un desconocimiento de sus potencialidades y de las experiencias históricas. Hacer consciencia de las opciones que ofrece el agro en el proceso de diversificación económica y en el crecimiento de capitales nacionales, permitirá esgrimir argumentos válidos alternativos frente a los desatinos neoliberales.
(…continuará)
Mayo 2015



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