domingo, 17 de mayo de 2015

AGRO Y MINERÍA III: LA CEGUERA GUBERNAMENTAL



Escribe: Milciades Ruiz
Para un futuro sostenible del desarrollo nacional, es fundamental considerar que el agro es fuente inagotable de riqueza de permanente renovación que cumple una función social de alimentar a la población y una función económica de proveer de insumos a otros sectores contribuyendo directa e indirectamente en la formación del PBI. Por el contrario, la minería agota

 nuestro stock de riqueza en beneficio mayor para las potencias extranjeras pero no regenera lo que extrae y por lo tanto es una fuente no renovable.
Sin ser excluyentes podemos señalar que el agro, en comparación con la minería tiene una ventaja abrumadora en cuanto a la salud humana. No solamente por  la producción de alimentos sino también, por sus beneficios ambientales. Brinda un servicio invalorable a la humanidad porque absorbe del aire el gas venenoso CO2 y arroja oxígeno a la atmósfera. Sin esta función del agro, la vida como la conocemos sería imposible.  Es por ello un factor esencialmente descontaminante de nuestro medio de vida y garantía de sobrevivencia humana.
En cambio la minería es cuestionada precisamente por ser contaminante no solamente en su extracción, sino también en su procesamiento y uso. Pero hay una falacia cuando se acusa de anti mineros o terrorista anti mineros a quienes la cuestionan. El cuestionamiento no es a la minería en sí, como actividad cuya producción es indispensable, sino a la contaminación, al modo


de explotación entreguista, atentatorio contra nuestro desarrollo autónomo.
Por consiguiente, el cuestionamiento es contra todo tipo de contaminación y no solo minera.  Igual se rechaza la contaminación industrial y de otros sectores. El agro explotado industrialmente también contamina cuando utiliza insumos venenosos y arroja gases venenosos al medio ambiente, producto del uso de combustibles fósiles y concentrados alimenticios pecuarios para la producción en escala como sucede en los países dominantes. 
Esto no sucede en el Perú donde más del 90 %  son pequeñas parcelas orgánicas que por razones económicas no usan insumos químicos, ni maquinaria ni avionetas pulverizadoras. Perú es líder mundial en producción orgánica de alimentos inocuos que son exportados bajo estrictas certificaciones internacionales.
Pues bien, después de haber demostrado la supremacía del agro sobre la minería en cuanto su participación en el PBI, exportaciones, aportes al presupuesto público, generador de capitales nacionales y empleo masivo.  Así como también, haber mostrado la historia con la variación de la estructura económica hasta el reinado del neoliberalismo. Ahora, me propongo demostrar la potencialidad económica del agro actual como alternativa estratégica al vigente modelo mono dependiente extractivista  primario exportador de materias primas.
El agro peruano tiene centenares de cultivos, crianzas terrestres y acuáticas, producción forestal, artesanal, agroindustrial y otros rubros explotables como negocios en turismo de diversa índole, folklore, silvicultura, etc.  Casi en su totalidad estos negocios son conducidos por inversionistas  individuales y en menor medida personas jurídicas diversas. Nuestra biodiversidad nos permite disponer de una serie de productos originarios y exóticos en los que tenemos ventajas competitivas y ecológicas.
Ya he dado cuenta de lo que significó el algodón peruano en el pasado en la economía nacional antes de ser abandonado como rubro estratégico del desarrollo nacional y de las preferencias del neoliberalismo que ha cambiado el rumbo de nuestro país bajo los interese de la inversión extranjera depredadora de nuestros recursos naturales. Toca ahora demostrar la potencialidad del agro como alternativa para un cambio hacia la diversificación económica para salir de la mono dependencia.
Aunque son cientos los rubros de negocios disponibles en el agro, me ocuparé de un solo cultivo que sirva de muestra de lo que se puede hacer con otros cultivos y otros negocios agrarios. Se ha hablado mucho de la importancia de las inversiones mineras por el monto de sus inversiones y su contribución al sostenimiento del presupuesto nacional. Muchos creen que es la única alternativa y hablan que el Perú es un país minero, que trae progreso, etc. Tienen esta mentalidad porque ignoran las potencialidades agrarias y no conocen la realidad rural. Muchos de ellos nunca han salido de sus oficinas burocráticas.
Concretamente me referiré a la economía del café.  Uno de los tantos cultivos pero que tiene una enorme función económica, social y de lucha contra el narcotráfico. Es un cultivo de las zonas más alejadas del gobierno central y de sus políticas, donde no hay presencia estatal de apoyo. Sin embargo da origen y dinamismo económico social a una amplia red a los largo de la cadena económica hasta llegar a los mercados y consumidores finales en los cafetines públicos y privados.
En el Perú se cultivan alrededor de medio millón de hectáreas de café aunque lo computado por el último censo es de 425, 400 has. En el año 2011 con esta superficie sembrada se exportaron según la SUNAT  y AGRODATA , 292,616,624 kgs,  por un valor de US $ FOB 1,575,653,222 . Esta sola cifra supera largamente los 1200 millones US$ previstos  para la inversión en el proyecto minero “Tía María”.
Pero la diferencia sustancial consiste en que el valor de la inversión y exportación minera se va fuera del país para no retornar. En cambio, las divisas obtenidas por el café peruano se quedan en el país para incrementar nuestras reservas, para impulsar nuevas inversiones y proyectos en diversos sectores (incluyendo minería) financiados por la banca depositaria del dinero de los caficultores peruanos.
¿Y quiénes son los inversionistas caficultores de nos traen miles de millones de divisas cada año?  Nada menos que campesinos  migrantes de la serranía en situación de pobreza ya que el 85% de ellos solo tienen entre 0.5 ha y 5 has. ¿Bajo qué condiciones de trabajo? En condiciones paupérrimas, en desamparo estatal, sin asistencia tecnológica, ni seguro de salud, sin sueldo, gratificaciones ni jubilación.
En estas condiciones, los rendimientos productivos son necesariamente bajísimos, mayormente de 8 quintales por hectárea de un óptimo de 60 qq/ha. Entonces, si trabajando en estas condiciones son capaces de captar divisas por más de 1,500 millones de dólares cada año tenemos que, con elevar 5 veces el rendimiento a tan solo a 40 qq/ha, a los precios del 2011, la economía del café hubiese aportado, US$ 7,878,266,110 anuales superando a los más grandes proyectos mineros. Solo es necesario tecnificar el cultivo para alcanzar este rendimiento en pocos años. Todo lo que se puede hacer reduciendo realmente la pobreza sin necesidad de programas sociales asistencialistas artificiales.
Todo esto con pequeñísimos capitales nacionales y sin contaminación alimenticia ni ecológica. Pero la economía del café no es solo exportación. Su amplio espectro cubre todo el entorno de la producción desde la provisión de insumos, jornales de trabajo, herramientas, envases, maquinas despulpadoras e instalaciones de secado, acopiadores, transporte a los centros de comercio y almacenamiento antes de entrar a los siguientes eslabones de la cadena como se muestra en el gráfico post cosecha a continuación.
Entonces considerando todo el circuito económico podremos ver la capacidad del cultivo del café en toda su dimensión económica, social, laboral, financiera, comercial y lo que representa en movimiento de capitales. Esto sin considerar su contribución a la lucha contra el narcotráfico, siendo un cultivo alternativo a los ilícitos.  Actualmente, Perú es el primer productor de café orgánico en el mundo y posee un alto potencial para seguir expandiéndose. ¿Se imaginan ustedes lo que pasaría si la inversión extranjera minera invade los valles cafetaleros?
Podría seguir señalando muchas otras ventajas de la economía del café pero me estoy excediendo en extensión de este escrito. Solamente agrego que: Si un solo cultivo tiene una potencialidad económica y social superior a los proyectos mineros, es de imaginarse si a esto sumamos todos los otros cultivos, crianzas y demás actividades rurales. ¿Se imaginan los neoliberales la masa de dinero que movería el agro con solo prestarle un poco de atención estatal?¿Se justifica entonces la serie de sufrimientos por causa de la inversión minera extranjera? ¿Cómo es que los gobernantes no puede ver la ironía de esta realidad económica?
Mayo 2015





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