domingo, 19 de abril de 2020

EL ÉXODO DE LA DESOCUPACIÓN E INFORMALIDAD LABORAL

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EL ÉXODO DE LA DESOCUPACIÓN
E INFORMALIDAD LABORAL
 
  Esta pandemia global, como un fenómeno superficial de salubridad pública, ha expuesto, mejor que cualquier otro medio, la realidad profunda del Perú. Lima, la ciudad moderna, cosmopolita, cede del poder central del Estado y sus principales instituciones, es el mirador desde donde se puede ver  aquella realidad.
  Como toda realidad superficial está sujeta a decretos superficiales, apenas se sintió el avance pandémico, el Gobierno, a través del Presidente de la república, de la noche a la mañana, ordena mediante un Decreto, Estado de Emergencia Nacional, cerrándose todas las vías de acceso aéreo, marítimo, terrestre hacia afuera y hacia adentro. Se cierran todos los centros de trabajo, a excepción de algunos, que creen son vitales para sobrevivir.
  Si las compuertas de lo represado durante décadas se cierran abruptamente, es natural que lo represado comience por desbordarse. Tal es así, que la desocupación, el desempleo como el subempleo, que suman miles a lo largo y ancho del país, se suman en un dramático éxodo del trabajo. Centenares de compatriotas nuestros varados en la pobreza y extrema pobreza en sus lugares de origen, vinieron a Lima la encantadora, con las ilusiones de labrarse en la vida un porvenir digno, y ahora se han visto forzados por la miseria a abandonarla formando masivas caravanas a pie para dirigirse a los diferentes puntos y lejanos de la sierra y selva peruana. Familias completas, con sus niños a sus espaldas vuelven a la tierra que los vio nacer, y en donde esperan mitigar el hambre y conservar como reponer sus pocas energías para cuando el temporal pase. La ciudad es voraz. Te consume las 24 horas del día dejándote un miserable aliento para el día siguiente, y así, sucesivamente. Es el drama del desocupado, del subempleado, en pocas palabras, la informalidad laboral, en un país desindustrializado como desagrarizado. Es el éxodo del trabajo esclavizado, tal vez visto por primera vez a lo largo de la historia del Perú.
      El Estado y sus instituciones deben sentirse tocados por esta realidad profunda que los aproxima a sentarse delante de los tribunales del pueblo para expiar sus atropellos y sus crímenes. Tenemos un Congreso que se reúne a puertas cerradas y sin un rumbo. Un Ejecutivo que se ahoga en Decretos van Decretos vienen. Todos contra el hambre, la desocupación, de los trabajadores, los productores, que ahora le ponen el nombre de “Suspensión Perfecta de labores “, con reducción aún más de sus míseros sueldos y salarios, que los pone en una situación mendicantes.
  Tanto va el agua al cántaro, que éste termina por romperse. Pero para cuando se rompa, las masas de trabajadores y el pueblo en general, tienen que estar preparados para recibirlos en una Grande y sólida Organización compacta.
 
  Héctor Félix D.
18.04.2020.
                                COLECTIVO PERÚ INTEGRAL

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